There is no such thing as loser

Por SAT (Santiago Mariño)

Sí, el título está en inglés con toda intención, y así está porque hoy me quiero referir a la sociedad estadounidense. La razón es que el concepto de “loser” (perdedor) y “winner” (ganador) es algo omnipresente allí. Nuestra cultura, que tiende a emular la norteamericana, afortunadamente no ha adoptado este concepto o al menos no masivamente como allá. Y digo afortunadamente porque, en mi humilde opinión, la idea del “loser” y del “winner” es quizá uno de los principales cimientos del descontrolado consumo de drogas psicoactivas en ese país. Sé que es una afirmación fuerte, así que me voy a explicar a continuación.

Hace poco veía en TV la serie Glee, la cual me gusta bastante como buen amante de la música anglo. En esa serie de TV, la fuente de energía que sostiene toda la trama es el deseo profundo de los muchachos y muchachas que componen el club Glee por destacarse, ser “populares”, salir del estatus de “loser” que tiene el club Glee en ese colegio en particular. Observando esta serie y toda la otra televisión y cine americano que veo, y comparando con mi propia educación en un colegio estadounidense acá en Colombia, noto que el concepto “loser-winner” está siempre presente al igual que la necesidad casi urgente que muestran los muchachos en ser aprobados por su grupo, en pertenecer al grupo “winner”.

Este concepto se traslada muy fácilmente a la vida del adulto, lo cual es lógico teniendo en cuenta que se ha crecido y sido educado dentro de ese modelo mental. Siendo la sociedad americana una sociedad basada en el consumo de bienes y servicios, pues obviamente el “winner” es aquel que ha alcanzado cierto grado de reconocimiento social, y si este va acompañado de capacidad económica para poder consumir bienes y servicios, pues mucho mejor.

Ahora bien, en la vida real vemos también cómo se combina esta educación con una reacción violenta ante esta presión, la cual se desahoga entre otras cosas a través del uso de drogas psicoactivas. No sorprende que los Estados Unidos no solo sea el mayor consumidor mundial de estas sustancias, sino que además tenga la dificultad más grande para manejar el problema, mucho más que los países de la Unión Europea. Es la reacción natural ante un modelo mental social que choca de frente contra la búsqueda profunda del ser humano, y es que si mi modelo mental me dice que un ganador es aquel que encaja dentro de un estándar social de “triunfo” por reconocimiento y capacidad económica, y yo internamente no me identifico afectivamente con esa idea, pues en mi imaginario yo seré un “loser”. Esa es la “verdad” que me muestra la sociedad acerca de mí, ese es el mensaje que recibo acerca de quién soy. Si yo compro ese mensaje, la salida de la angustia por la vida mediante el uso de drogas se vuelve una opción atractiva, pues aunque no tengo el valor para acabar con mi vida (que no vale nada porque soy un “loser”) al menos tengo algo que me permite vivir totalmente dopado ante la realidad que me angustia.

Como toda experiencia de la realidad, esta dependerá de la información que se tenga en mente y que se use para interpretar. Por lo tanto, una experiencia ante una misma realidad cambiará radicalmente solo con cambiar la información que se usa para interpretarla. Eso es lo que impulsa a una persona a comenzar un camino espiritual: inicialmente su único interés es llenarse de información diferente, cambiar lo viejo por lo nuevo, movido por un profundo deseo de sentirse feliz, y cuya infelicidad atribuye a todos aquellos factores externos que la han educado dentro de un modelo mental determinado. Está en pleno choque contra lo que ha recibido del externo.

Pues bien, aunque nacer dentro de una cultura del “loser-winner” también es una experiencia válida y necesaria, debe llegar un momento en el cual hacemos click, un momento en el cual damos un salto cuántico y nos salimos de la auto-lástima para pasar a darnos cuenta que no somos víctimas mancas de una realidad agresiva, sino que podemos moldear nuestra experiencia solo con cambiar la forma en que nos vemos a nosotros mismos dentro de esta. Este el mensaje que podríamos comenzar a dar a nuestros hijos, para así realmente aportarles algo que les ayude en el futuro, obviamente apoyado por el ejemplo de nuestra propia vida, el cual quizá es el mayor referente educativo para ellos. Así nos damos cuenta que la responsabilidad sobre nuestra vida tiene tentáculos que tocan la vida de otras personas.

¿Soy un “loser” realmente? ¿O un “winner”? O mejor… ¿ni lo uno ni lo otro?

Comienzo a caminar por un nuevo sendero.


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      Hacer una pregunta 12.05.2011. 19:20