Ser Libre

Por SAT (Santiago Mariño)

Camino por la calle en días como hoy en que miro al cielo, lo veo nublado, gris, oscuro, y no puedo evitar recordar la metáfora de este escenario frente a aquellos momentos en que he sentido angustia o miedo, aquellos momentos en mi vida en que creía que lo externo me definía, que estaba sujeto al arbitrio brutal de factores sociales o laborales. Y si bien es cierto que aún me muevo en una sociedad y que aún debo “vender” para conseguir el recurso, salta en mi frente la idea de que toda creencia, buena o mala, no es más que una creencia y que por tanto es falsa hasta que se demuestre lo contrario. Y en ese caso cesa de ser una creencia para volverse una experiencia: pura vida, como dicen los ticos.

Me observo en el momento, aquí y ahora, con la mente en un estado semivacío y casi quieta, excepto por la actividad de mi propia observación, si es que a esta puede llamársele mente. Me hago consciente que ya me queda poco qué esconder, poco a poco me hago invulnerable pues quien nada esconde nada teme. Qué interesante paradoja: exponer la vulnerabilidad nos hace invulnerables.

Está lloviznando, y siento caer en mi cabeza pequeñas y heladas gotas que siento como agujas, nunca he sido amante de las agujas, pero esta circunstancia de hoy no altera mi calma, solo las acepto sin dolor alguno, son parte de la vida, y me recuerdan que estoy vivo entre un cuerpo. He aprendido a amar a mi cuerpo, y no voy a negar que hace años luché mucho contra mí mismo, incluyendo mi propio cuerpo. Pero todo esto hace parte ahora de mí, es parte fundamental de quien soy en esta encarnación y del servicio que presto a otros, el cual me hace sentir profundamente realizado y feliz.

Siento el viento frío en mi cara, me despeina el poco pelo que aún queda en mi cabeza, recuerdo de una época anterior, de una forma distinta de ver la vida, con mucho dolor. Quizá si hubiera habido más paz interior en mi juventud tendría más pelo ahora en mi cabeza, quizá no, quién sabe... de todas formas la vida no comete errores ni hay nada al azar. Igual, sé que la aceptación nace en mí, y que si soy feliz conmigo mismo eso es lo que ven los demás.

Y esto me evoca, de nuevo, una paradoja: si quieres transformar tu realidad, la mejor forma de hacerlo es no queriendo transformarla. Aparece en mi pantalla mental la idea de la no linearidad del tiempo que tanto menciona Kryon, pues no querer transformar la realidad no implica desentenderse de esta. Qué interesante, quizá de lo que se trata es de cambiar la óptica con la que nos relacionamos con la realidad.

Y nuevamente, miro al cielo, y recuerdo la metáfora, y me observo a mí mismo en el presente. Y entra en mi interior una sensación de calma y paz como ninguna, y aunque el cielo sigue oscuro, me hago inmune a la metáfora.


Quizá esto sea lo que llaman “ser libre”.

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      Hacer una pregunta 19.10.2010. 20:57