El Juego Lila

Por SAT

Durante varias de las charlas con la Hermanita Lila ella ha tocado el concepto del Juego Lila. Dice la Hermanita que la vida debe vivirse como si fuera un juego. Desde su punto de vista, todos quienes estamos vivos en este mundo estamos metidos en un juego llamado “vida”, el cual consideramos la única realidad, pero que en verdad hace parte de un juego sujeto únicamente a la tercera dimensión, y por lo tanto, teniendo en cuenta que es una única experiencia en un único plano dimensional de los muchos en que vive el ser humano, resulta siendo una experiencia totalmente parcial y por lo tanto ilusoria. Esta ilusión en la que nos hemos metido, terminamos por concebirla como la única realidad, y siendo la tercera dimensión algo tan limitado, llega el momento en que nos vemos sin opciones y obligados a vivir una vida como no queremos y por lo tanto surge el sufrimiento.

Para que se desenreden un poco en sus mentes, conciban otra dimensión como por ejemplo un sueño. Al soñar estamos viviendo experiencias, cierto? Y se sienten como reales, ciertamente. Pues bien, sí son reales, solamente que ocurren en otra dimensión de conciencia, concretamente en la sexta. Son reales y así se experimentan, aunque al despertarnos nuestra mente tridimensional diga “ah, fue solo un sueño, no es real” y nosotros le creamos. Aunque en muchos casos un sueño puede tener componentes surrealistas e “ilógicos”, lo que se vive en un sueño se vive igual que si sucediera “en verdad”. Por lo tanto, es una experiencia válida.

Volviendo al tema, a mí, un tipo bastante mental y racional y con bases “tridimensionales” bastante fuertes, me ha costado bastante tiempo lograr comprender el concepto del juego Lila, pero siento que lo estoy logrando y quiero compartir esto con Uds.

Para ilustrar mejor la idea, voy a hacerlo con un ejemplo con el cual todos estamos familiarizados.

Diría yo que cualquiera de nosotros, que a diario nos vemos frente a los retos típicos de una vida en este mundo, nos habremos preguntado qué es lo que tiene una persona exitosa, que lo diferencia del normal de la demás gente.

Pues bien, si bien no tengo la respuesta final, o de lo contrario ya lo habría aplicado en mí mismo, sí puedo decir que he observado una pequeña pero definitiva diferencia entre una persona exitosa en su trabajo y una que está dentro del común. Esta diferencia radica en la actitud hacia el trabajo, obviamente, pero lo interesante no es la actitud en sí, sino lo que hace que tenga esta actitud ganadora.

He observado que las personas que hacen carrera dentro de una organización, no a base de palancas o influencias sino con su propio mérito, son aquellas personas que se caracterizan por una cosa: la pasión.

Sí, las personas a las que les apasiona su trabajo son generalmente las que ascienden dentro de una organización; son aquellas personas a las que el objetivo de su trabajo les fluye por las venas. No sienten el cansancio, no conciben una diferencia clara entre su hobby y su trabajo. Por esta razón, es normal encontrar que este tipo de personas hacen parte de los llamados workaholics, pero aquí hay que hacer una diferencia, y es que no todos los workaholics son exitosos.

Bien, en dónde está la diferencia? Simple, el trabajador exitoso es aquel que, por encima de la responsabilidad que conlleva, se divierte trabajando, es decir, que el objeto de su trabajo es como su hobby. El trabajador que es exitoso en su trabajo es aquel para quien el trabajo no es trabajo sino diversión, es decir, un juego. Es claro que este juego conlleva responsabilidades, pero a nivel vivencial no deja de ser un juego, algo divertido, algo que en realidad si bien puede cansar físicamente en un momento dado, a nivel interior no se experimenta como un “trabajo” clásicamente definido, sino como una experiencia divertida, un juego.

Si bien en esta categoría caen buena parte de los workaholics, no todos caben aquí, pues lo normal es encontrar que el factor de motivación detrás de la dedicación excesiva al trabajo no es precisamente el gusto por este o la diversión implícita en la actividad, sino un sentido de compromiso, competencia o responsabilidad exclusivamente, y en la mayoría de los casos, un temor a la desaprobación de parte del jefe o persona que vemos por encima de nosotros y quien tiene el poder de afectar nuestra comodidad. Entiéndase comodidad como la pseudoseguridad de tener con qué pagar la cuota del apartamento del próximo mes, por ejemplo.

Esto se resume en una sola palabra: miedo. Esta es la gran diferencia entre ambos tipos de workaholic. El que disfruta llega al éxito, el que vive con miedo llega al infarto.

Entonces, aquí surge el concepto del juego Lila. En Sánscrito, Lila significa juego. Solo aquel que toma la vida como un juego pero responsablemente, que la disfruta, que le pone la mínima mente posible, es aquel que resulta exitoso.

Como dijo Jesús, “si queréis entrar al Reino de Los Cielos debéis ser como niños”.

El Reino de Los Cielos no está arriba en las alturas, está aquí y ahora, y la manera de acceder a este es simplemente con una perspectiva frente a la vida que no sea de miedo, sino de libertad, es decir, tomando la vida como lo hacen los niños, como un juego.

Entonces, fácilmente concluimos que la ruta al éxito está en dedicarnos a lo que nos gusta. Y me atrevería a decir que esta afirmación es verdad. Pero la realidad en que vivimos es algo diferente, y es que para la mayoría de nosotros nuestro trabajo es lo que nos da el pan de cada día pero no es lo que nos apasiona. Quizá lo fue hace años cuando optamos por una u otra carrera, pero en la mayoría de los casos ese enamoramiento pasa al cabo de unos pocos años y se vuelve solo el medio de subsistencia.

Entonces, para no tener que renunciar a nuestro trabajo, podemos asumir una actitud diferente de manera que nos permita disfrutarlo, como un juego. Para esto, debemos tener claro qué es lo que nos impide disfrutarlo en primer lugar, trabajar sobre esto, y cambiar la actitud.

Lo que nos impide disfrutar de nuestro trabajo son aquellas cosas que nos producen stress. Para quien es un apasionado de su trabajo, los retos que este presenta no le producen stress, sino por el contrario, son atractivos. Es como cuando a un aficionado a los rompecabezas le regalan uno de 10000 piezas.

Al identificar qué es para nosotros un factor de stress, una manera de trabajarlo es aprender a mirar los toros desde la barrera.

Aquí entra de nuevo el concepto del juego Lila. Supongamos que somos capaces de mirar los toros desde la barrera, y que de esa forma asumimos nuestro trabajo. Cómo lo hacemos? Primero, entendamos que si al enfrentarnos a una determinada situación esta nos produce stress, no estamos mirando los toros desde la barrera sino todo lo contrario, estamos capoteando a la bestia.

Si fuéramos capaces de “salirnos” de la experiencia y verla desde fuera, podríamos simplemente observar sin estresarnos. Esto es lo equivalente a “subir una dimensión” el punto de vista de nuestra propia vida. Como dije al principio, las dimensiones están relacionadas con la forma como se concibe la realidad, por lo tanto un cambio en percepción de la realidad equivale a un cambio “dimensional”. Se dan cuenta que no es tan complicado de entender?

Entonces, hay varias técnicas que nos pueden ayudar a aprender a ver los toros desde la barrera. La más popular quizá, y es algo que con seguridad todos hemos hecho alguna vez es que, en un momento de fuerte confrontación, nos hemos preguntado “qué es lo peor que puede pasar?”

La respuesta generalmente concluye en “al fin de cuentas por esto no se me va a acabar la vida”. Esta afirmación viene después de ver la posibilidad de que puede ser que nos deje el avión, que perdamos un negocio, que se enfurezca el jefe y nos echen, etc.

Cuando se vuelve más importante el saber que “al fin de cuentas por esto no se me va a acabar la vida”, estamos aceptando el desenlace de la situación que queremos controlar y no podemos, y estamos, por primera vez, observando los toros desde la barrera. Es igual a quien está jugando un juego de mesa: hace todo lo que puede para ganar, pero si no puede, pues bueno, al final de cuentas es solo un juego.

“Esto no es más que un juego, y sin importar el desenlace, al fin de cuentas por esto no se me va a acabar la vida”.

Así como en el trabajo, así en nuestra vida. Ser capaces de mirar los toros desde la barrera nos generará mucha paz interior y nos alejará del stress. Si podemos poner esto en práctica de manera regular, seremos bienvenidos al juego Lila, y a un primer ascenso en consciencia.


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      Hacer una pregunta 21.06.2007. 21:49