200 años; y ahí vamos

(Publicado en el Boletín De2haz1, el 20 de julio de 2010)
por SAT

Colombia cumple hoy 200 años de independencia, y los celebramos en medio de un conflicto que parece tan permanente como interminable. Y aunque a quienes vivimos en las ciudades o en las zonas más pobladas del país el conflicto rara vez nos toca en lo personal, y nos enteramos de su acontecer básicamente por las noticias, el día de hoy ofrece una buena ocasión para preguntarnos cómo es que luego de 200 años seguimos en las mismas. El conflicto actual comenzó oficialmente hace unos 45 años, pero en realidad es tan solo la continuación de lo que venía de antes, solo que con ligeras interrupciones por breves periodos de paz. Sin ir muy lejos en el tiempo, la llamada época de “la violencia” partidista a finales de los años 40 y principio de los 50, fue tan solo una repetición de la llamada “guerra de los mil días” de principios del siglo XX, la cual también fue una guerra partidista. Y si vamos más atrás veremos que el siglo XIX también se caracterizó por muchas guerras civiles, de origen partidista en la mayoría de los casos.

Así pues, para que luego de 200 años estemos aún repitiendo la misma historia, quizá se deba a que durante todo este tiempo nuestros ancestros recientes educaron a sus hijos de la misma forma en que ellos fueron educados, y estos a su vez a sus hijos, y estos a los suyos, etc., y así hasta nosotros.

Es verdad que nada del acontecer de la vida está fuera de orden, pero también la evolución humana consiste en la generación de consciencia, y la consciencia es la que promueve los cambios de comportamiento en una sociedad.

Por lo tanto, si nos consideramos personas “espirituales” y por nuestra propia voluntad e interés hemos buscado y tenido acceso a información que promueve la generación de consciencia, resulta completamente coherente el observar nuestro propio comportamiento, hasta en las cosas más baladíes, y que donde notemos incongruencia con nuestras creencias busquemos ser congruentes.

Aunque podría citar muchos casos que se vuelven ocasiones para poder generar consciencia, mencionaré uno solo pero de todos los días: el tráfico. En la casa uno es generoso, comparte los espacios, respeta opiniones diferentes a la propia, etc. Pero en el tráfico la cosa es bien diferente. Tan pronto uno saca su carro del garaje, comienza la guerra por la posesión de los seis metros cuadrados que ocupa el vehículo sobre el asfalto, espacio que se defiende con toda fiereza, muchas veces cometiendo imprudencias que arriesgan la propia vida. Mejor dicho, “primero muerto que dando paso”.

Esta es una postura tan fanática como la de los terroristas que se inmolan defendiendo una supuesta guerra santa. Y es la misma postura de consciencia que sostiene el conflicto que vivimos hoy.

Hace poco leí (o escuché, no me acuerdo cuál de las dos) esta afirmación y me pareció totalmente relevante para definir un proceso de aprendizaje desde una óptica espiritual:

“Le pedí a Dios que me diera paciencia, y Él lo que me dio fue la oportunidad para ser paciente”.

La espiritualidad es una cosa de todos los días. La espiritualidad no está en sentarse a meditar por horas, eso sirve para calmar el ruido mental, sin duda, pero no es la espiritualidad.

La espiritualidad sucede en el momento presente, donde quiera que uno se encuentre.

Sucede entre el carro, en el semáforo, en la oficina, con los clientes, con los proveedores, con los hijos, con la esposa, entre el baño, comiendo, caminando… en cualquier momento. Sucede así porque la espiritualidad es como el ego comienza a acercarse al Ser, y al Ser lo que le interesa es la experiencia pura, la que se observa sin juicio. Por eso cualquier experiencia es válida, y las más interesantes sin duda son aquellas en que el ego se confronta con sus creencias. Y el caos vehicular es de las mejores para esto.

Aquí he puesto el ejemplo del tráfico para mostrar cómo es posible hacer cambios evolutivos en la vida diaria. Pero en realidad cualquier experiencia sirve, y mejor todavía cuando esta se da mediante algún tipo de relación con otra persona.

Y aunque hoy me he referido a la realidad colombiana, este análisis es válido para cualquier sociedad del planeta. Una vez creemos consciencia en nosotros, y voluntariamente realicemos cambios en nuestro comportamiento, quizá entonces cese la repetición de lo mismo, y podamos ser parte del motor de cambio planetario en procura de lograr la paz. Como sabemos, para lograr la paz no sirve luchar contra la guerra, pues energéticamente esto solo fortalece el conflicto. Los cambios deben ser personales e internos, creer que podemos hacerlos, y superar la pereza por intentarlo. Este conflicto es un conflicto causado por la comodidad del ego, pero es precisamente esa comodidad la que le impide acercarse al Ser. Visto así, evolutivamente el conflicto tiene todo el sentido del mundo.

Solo si podemos cambiar nuestros patrones de comportamiento, solo si nos permitimos salirnos de nuestra zona de comodidad y así comenzar a dar un ejemplo diferente a las nuevas generaciones, quizá nuestros nietos alcancen a notar algún cambio en la Tierra que no sea solo tecnológico o ambiental.

      Hacer una pregunta 22.11.2011. 17:36