Co-Creación, sí, pero...

por SAT

A raíz de todo este “boom” por la película “El Secreto”, me he puesto a observar profundamente, aunque desde la razón y la lógica, lo que ha sido mi propia vida en relación con el tema de la co-creación consciente de la realidad que se me presenta, y he encontrado que en general coincide todo con los principios que esta película plantea en esencia, pero me parece oportuno profundizar un poco en algunos aspectos que a mi parecer la película no toca cuidadosamente y que necesariamente afectan el resultado al pretender aplicar la Ley de Atracción.

Si bien es cierto que uno crea su realidad a partir de lo que mantiene en el centro de su pensamiento, es muy fácil creer (y así lo sugiere la película) que porque pienso en un Mercedes Benz fija y obsesivamente entonces voy a generarlo “al cabo de un tiempo prudencial”, como se muestra con el ejemplo del pensamiento del elefante. Me parece que Uds. mismos habrán podido comprobar más de una vez que precisamente aquellas cosas que son objeto de nuestra obsesión de poseer, son justamente las que más se nos dificulta obtener, o sea, la realidad que más demora en generarse.

Detrás de todo deseo por poseer algo, existe un miedo relacionado con el no poseer ese algo. Si no fuera así, no existiría la pobreza, ya que no hay nadie que sienta limitación económica que no tenga fijo en su mente que quiere tener dinero, y todavía más cuando el medio externo se lo está pidiendo y recordando a cada momento.

La clave está en identificar qué es lo que ocasiona esa sensación de limitación, pues ese es el pensamiento real de foco tras el deseo de tener dinero, y es el que está generando la realidad de pobreza que vive. La emoción ha atrapado al pensamiento.

Así pues, antes de pensar en el Mercedes Benz, el yate, y la mansión de 30 habitaciones, vale la pena preguntarse por qué queremos estas cosas, y más importante aún, entender cuál es el miedo a no poseerlas, y que por ende creemos que estos objetos nos darían la seguridad para contrarrestarlo.

La razón por la que estas cosas materialmente no llegan con el pensamiento obsesivo es porque tras este lo que realmente está en el centro del pensamiento es el miedo que tenemos a no tenerlas, y al estar este en el foco, pues es esta la realidad que se está generando. En otras palabras, cuando una persona con dificultades económicas mantiene a toda hora en su mente que quiere tener dinero, lo que realmente está en el trasfondo del pensamiento es el miedo a la carencia de este, y al estar este pensamiento en foco todo el tiempo, esa es la realidad que está generando, permaneciendo por lo tanto en una situación de carencia de dinero o pobreza económica.

Es como cuando alguien dice, “Si me gano el Baloto se me arregla la vida”, cuando lo que quizá le funcionaría mejor sería decir, “Primero arreglo mi vida, y quizá ahí sí me gane el Baloto.”

Solamente cuando uno es capaz de interiorizar en sí mismo, y se obtiene un profundo conocimiento de cómo actúa su propio ego, que al fin de cuentas es quien experimenta la realidad en 3D, es cuando se alcanza a sentir (identificar) profundamente a qué le tememos. Esa sensación es la que está en el foco del pensamiento, y ese foco es el que genera la realidad que no queremos estar viviendo.

¿Y cómo salimos de esto? Primeramente, identificando el objeto de nuestro miedo. En realidad el miedo es solo uno, y todo a lo que tememos son solo expresiones del mismo miedo, pero nos quedará más fácil abordarlo y encararlo identificando un objeto de miedo. Por lo general, más que al objeto en sí mismo, a lo que le tememos es a la sensación que nos produce su presencia. No nos gusta sentirnos de esa forma. En otras palabras, queremos no experimentar esa emoción, o dicho de otra forma, experimentar la emoción contraria. Estamos buscando pasar de un extremo al otro en la oscilación del péndulo emocional.

Sin embargo, una vez identificado el objeto obvio de temor, es necesario profundizar más e identificar aquello que realmente está tras ese miedo. Si hacemos el proceso cuidadosamente (y no sobra la ayuda de un mejor amigo, terapeuta, guía espiritual, o de alguien que realmente nos conozca) seguramente encontraremos la verdadera limitación mental que tenemos.

Ahí es donde hay que enfocar el trabajo interior mediante la aceptación de la experiencia obtenida a partir de nuestro pensamiento limitador como parte de nuestro proceso de evolución, y posteriormente a través del sembrar un pensamiento generador de una realidad diferente.

Un clásico ejemplo para explicar esto, y que nos atañe a casi todos nosotros, es el temor que sentimos ante la amenaza de quedarnos sin trabajo, o sea la amenaza aparente de encontrarnos de repente sin sustento económico.

La mente nos muestra una novelesca posibilidad de sufrimiento y miseria, y eso lleva a que permanentemente estemos buscando la aprobación de aquellas personas que creemos tienen poder sobre nuestro bienestar económico. Pero lo que ocasiona que sintamos esa necesidad de aprobación es que en el fondo no creemos que nosotros mismos seamos capaces de generar una realidad de bienestar. Estamos separados de nuestro Dios interior.

Se me ocurre que esa afirmación que dice que estamos hechos a “imagen y semejanza de Dios” se refiere en buena parte a nuestra capacidad de crear, como Dios podría, una realidad particular alrededor nuestro, dado que esencialmente estamos hechos de lo mismo que está hecho Dios. En otras palabras, somos Dios, solamente que en nuestro actual nivel de consciencia no comprendemos esto y simplemente lo logramos entender a nivel intelectual, cuando mucho.

Esta es la famosa “separatividad” del ego, de la que seguramente han leído o escuchado bastante.

Ahora bien, la Maestra Lilananda nos habla de la “Ley del Menor Esfuerzo”, que en esencia dice que tras cada experiencia que el ego debe vivir, existe una causa evolutiva, razón por la cual es inútil luchar usando la mente y más bien es necesario asumir una actitud de aceptación.

¡¡Ojo, que “aceptación” no es lo mismo que “resignación”!!

Aceptar implica “dejar ser porque se comprende que se debe dejar ser”, mientras que resignación sería más como “dejar ser porque me toca y no tengo más opción, aunque no comprendo para qué.” Se trata de dos estados de la mente abismalmente diferentes.

La Ley del Menor Esfuerzo opera bajo tres principios fundamentales:

"1. El de la aceptación para que se cree una frecuencia en el momento presente que invita al disfrute y a asumir lo que la vida envía, dejando ir lo que yo creo que debería de ser y aceptando que el universo tiene algo diferente para mí.

2. Con la responsabilidad que significa responder, evolucionando con esto a una mayor oportunidad para aprender respondiendo a lo que la vida da con amor y comprensión, sin querer que las cosas sucedan como el ego quiere. No es luchando, es comprendiendo mi programa y el programa del otro.

3. La no necesidad de defender ningún punto de vista para poder volverme invencible, es decir no teniendo nada que defender, nada que atacar, para SER, para que todo funcione con fluidez, para ser responsables y comprometidos, es decir poniéndonos en armonía con nuestro entorno, comprendiendo lo que cada quien tiene para dar o no tiene para dar."(1)

En otras palabras, la co-creación de la realidad depende no solo de cambiar el pensamiento de limitación que se tiene como foco, sino de comprender la lección de evolución implícita en esa realidad que estamos rechazando. Esa lección de evolución, para el ejemplo clásico que puse, sería el comprender que se tiene la capacidad de manifestar una realidad diferente: “Yo puedo”.

Identificar y transmutar el pensamiento limitador que tenemos implica aceptar y comprender la lección de evolución que está implícita en la realidad generada por ese pensamiento, pues el sufrimiento humano cumple una función, y esta es la de hacernos conscientes de que tenemos la capacidad de co-crear una realidad de no sufrimiento mediante el reconocimiento y fluir con la leyes del Universo. Pero como el sufrimiento parte de nuestros pensamientos, y estos a su vez están atrapados por nuestras emociones, las cuales son originadas a partir de nuestro sistema de creencias educativo subconsciente (donde se tamiza y juzga la experiencia que se está viviendo), es ahí por donde hay que comenzar a trabajar.

Un pensamiento “positivo” necesariamente incluye a su contraparte “negativa”, pues el uno define al otro y ninguno existe sin el otro. Por algo será que los maestros insisten en que el punto del UNO es el centro, y no ninguno de los extremos (el que más nos guste) en la oscilación del péndulo emocional. La aceptación de algo aparentemente “negativo” como parte de nuestra evolución, como lo es la realidad generada a partir de un pensamiento limitante, regresa la energía al punto neutro, y comienza a fluir con el universo. Así, se transmuta esa experiencia para dar paso a una nueva realidad y ahí sí se puede sembrar un pensamiento no limitante. Esta es la verdadera co-creación.



Citas:

(1)Maestra Lilananda, “La Ley del Menor Esfuerzo”, Seminario “La Experiencia de Ser en la Ley del Uno”

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      Hacer una pregunta 28.08.2007. 16:03