26- La Torre de Babel

por Hortensia Galvis

Hace 39 años Neil Armstrong descendió en la luna y, mientras caminaba por su superficie, pronunció estas palabras: “Es un pequeño paso para el hombre, pero un salto gigantesco para la humanidad”. Armstrong no se imaginaba entonces que su afirmación sería profética, a partir de ese día la conciencia humana no sería la misma. Desde entonces cada ser pudo contemplar, desde el espacio, la danza cósmica de nuestro pequeño mundo azul, y colectivamente sentimos el impacto de sabernos unidos como familia planetaria. Esa imagen mágica ha sido un incentivo para salir del aislamiento y ha conseguido avivar en cada uno la nostalgia de unir su corazón al palpitar de las estrellas.

Vino un segundo paso igualmente importante, la comprensión de la unidad de toda la vida, liderada por la ecología. Esta ciencia estudia la relación entre los organismos y su medio ambiente y habla del apoyo mutuo para la supervivencia. Ellos construyeron un mapa más amplio, y, con esta guía, el destino de las distintas disciplinas del hombre comenzó su viaje desde alejados puntos exteriores hacia el núcleo, que es el acceso a la totalidad. Cuando la conciencia es expandida, a los ojos se les permite ver lo que el cerebro ya conoce.

En la Genética, los últimos descubrimientos han dejado asombrados a los investigadores. Se esperaba encontrar diferencias entre hombres de distintas razas, pero el ADN habla es de similitudes entre un blanco, un negro, un chino, o un aborigen. Y lo más pasmoso es que las divergencias entre un hombre, un perro y un cangrejo son mínimas, y ahora resulta que hasta las lombrices son primas hermanas del humano. ¡Nuevamente de vuelta a la unidad! Todos hacemos parte de la misma esencia, todos somos una sola familia planetaria.

En la medicina las cosas tampoco parecen ser distintas. Hasta ahora cuando un hombre enfermaba tenía que acudir al especialista, que le brindaba dos opciones: eliminar el órgano afectado por medio de la cirugía, o la guerra total a virus y bacterias, lanzando un ataque despiadado con bombazos químicos de drogas. Pero los nuevos enfoques: la holística, la bio-energética, la Medicina Cuántica, y la homeopatía llagaron para quedarse. Ella se enfoca en la totalidad del ser humano, porque tratan de llegar al origen mismo de la enfermedad, en vez de quitar solo los síntomas. La curación integral, además del cuerpo físico, incluye los aspectos mental, emocional y espiritual de un individuo.

En general cada una de las ciencias humanas está ya en camino hacia descubrir su propio lenguaje de unidad. Por ello debemos comenzar a acostumbrarnos a que la expresión de los científicos sea la misma de los místicos, como en el caso de las publicaciones que se han hecho de la prosa lírica de Einstein. A él la Física Cuántica le llevó de la mano hacia la percepción de la totalidad. Por eso pudo concluir que no había diferencia entre materia y energía, ni entre el observador y lo observado. No difiere mucho su criterio de la sensibilidad espiritual de San Francisco de Asís, ni de su forma de abrazar a todas las criaturas como partes de sí mismo.

La tarea principal de la espiritualidad, en nuestro tiempo, es la de disolver la confusión de lenguas, derribar la torre de Babel que ha desmembrado los aspectos distintos de la vida y los ha aprisionado en compartimientos aislados e incomunicados. Cuando hablamos de espiritualidad debe incluirse todo, porque aún la acción más despreciable puede ser el punto de partida de un camino muy válido, que consiga tallar otro prisma de la misma gema, llamada totalidad.

La conciencia de unidad es la que cambiará nuestra realidad en forma radical, y sin necesidad de luchas. Nos preguntamos: ¿qué ocurriría al torero si repentinamente se identificara con el toro? ¿Sería capaz de darle muerte? Sentir la unidad es la experiencia mística que puede transformar en algo trascendental el acto de barrer la calle, o de manejar una ambulancia. Permite al individuo hacerse uno con el árbol majestuoso, con el horizonte más allá del mar, o comulgar con las estrellas. Nada tiene esto que ver con la actitud limitante de acordarse de Dios para pedirle cosas, o darse golpes de pecho todos los domingos a la misma hora. El “Reino de Dios” no es eso, ni tampoco es el cielo a donde van los justos. Es más bien la percepción de “totalidad”, que enlaza todos los fragmentos de la existencia humana, e instala la conexión para vivir en la alborada de lo eterno.


(Descarga gratuitamente este artículo: Haz click aquí.)

      Hacer una pregunta 29.07.2008. 15:00

Este artículo no ha sido comentado aún.

Mostrar/Ocultar formulario de comentarios