13- Un Ciclo que Termina y Otro que Comienza

por Hortensia Galvis

Para comprender el momento crucial que vive la humanidad actual tenemos que remontarnos a los tiempos de la creación del hombre, cuando nuestros primeros padres: ADN humano y su compañera (las dos hélices de ADN), fueron puestos en el hermoso planeta Tierra, su paraíso. Allí se les permitió comer de todos los frutos del “Jardín del Edén”, pero les estaba prohibido probar el del árbol del conocimiento del bien y del mal.

En aquel entonces los humanos éramos una raza de ángeles, vivíamos en estado de conciencia plena, felicidad, paz y contacto permanente con el Creador. Pero, como seres inocentes éramos ignorantes. Nos faltaba la experiencia del contraste para tener un mínimo de sabiduría. Porque no es posible saber qué es el bien, sin tener idea de lo que es el mal. Para comprender qué es felicidad, hay que vivir la desgracia y la infelicidad. La salud se aprecia solo cuando hemos pasado por la enfermedad.

Para obtener este conocimiento tomamos la valerosa decisión de sumergirnos en la densidad de la materia. A pesar de que sabíamos que en ese, el nivel más bajo de la creación, estaríamos alejados de Dios, olvidaríamos nuestro origen divino, y ni tan siquiera podríamos recordar por qué estábamos allí. ¡Era un gran reto, una misión casi imposible!

Permanecer en la densidad solo se logra si comemos reiteradamente del fruto prohibido, es decir, había que juzgar y dividir todos los aspectos de la vida en buenos y malos. Entonces se nos brindó una ayuda formidable. Nacieron las religiones, que convirtieron nuestra realidad en una lucha de opuestos: Dios = bueno, el diablo = malo. El alma = buena, el cuerpo = malo. El hombre = bueno, la mujer = mala, etc. Con estos patrones como guía, en adelante pudimos experimentar libremente todas las modalidades de: violencia, guerra, muerte, sufrimiento, esclavitud, pobreza, perversión, arbitrariedad, enfermedad y desgracia.

Desde el día en que salimos del paraíso nuestros espíritus han vivido toda esa gama de experiencias, hasta el punto en que ya el dolor, la miseria y la muerte no tienen nada nuevo que enseñarnos. Al agotarse la posibilidad de más aprendizaje, nuestra misión ha llegado a su fin, y el ciclo se termina. Entonces se nos abren otra vez las puertas del paraíso, y viviremos la transformación de nuestra carne en los cuerpos de luz radiante que una vez tuvimos. Dentro del plan divino estamos empezando una nueva etapa de desarrollo, que nos colocará un escalón más arriba dentro de las dimensiones de la creación. Ya no seremos: ni ángeles ingenuos, ni humanos caídos; sino que, para quienes aceptemos esta gracia, se inicia ahora un proceso de ascensión que nos llevará a convertirnos en Maestros Humanos de Sabiduría.

Pero no es posible dar, este salto cuántico, atados a las viejas creencias que otrora tuvieron el propósito de anclarnos en la polaridad. Volver a casa es nacer a un nuevo paradigma de unidad, donde ya no caben los juicios, ni el dolor, ni la muerte.


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      Hacer una pregunta 30.04.2008. 10:09

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