11- El Camino Septenario

por Hortensia Galvis

Tu visión del mundo cambia, cuando descubres que no eres ningún pelele manipulado por las fuerzas del destino, sino un hijo de Dios recorriendo su camino hacia la sabiduría. Hoy daremos un rápido vistazo a las etapas evolutivas que vive cada ser durante milenios, vestido con muchos cuerpos, y viviendo las experiencias que le llevarán desde la oscuridad hacia la Luz. Así podremos adquirir la comprensión de que cada dificultad que surge en el camino está ahí con un propósito. El plan Divino tiene un guión perfecto, donde no existen ni los buenos ni los malos, sino que siempre estamos rodeados de seres que nos apoyan, para que nuestra lección pueda fructificar en la victoria.

Cuando el espíritu encarna por primera vez en un cuerpo físico solo activa la energía de su tríada inferior, que apunta hacia la Tierra, porque al comienzo la prioridad es anclarse al mundo material. En este primer nivel los intereses del ser estarán centrados en cumplir funciones básicas: 1) la energía de su sello de la raíz activa su instinto de supervivencia, 2) la de su sello sexual le impulsa a la reproducción, y 3) la del plexo solar aviva su deseo de poder. Como especie ya hemos superado esta etapa evolutiva, en todos sus niveles.

Sin embargo, todavía en nuestro tiempo existen rezagados del camino, y almas que, tal vez, apenas comienzan la jornada. Por ello tenemos trogloditas modernos, cuyo nivel evolutivo permanece afianzado en la “ley del garrote”. Ellos están colocados estratégicamente para cumplir algunos roles, como: terroristas, guerrilleros, atracadores; o tal vez papeles más refinados, como: ejecutivos corruptos de cuello blanco. En estos seres todavía no existe sensibilidad alguna, que les impida atropellar al otro para quitarle lo que tiene.

Esta etapa primitiva de evolución tendrá que vivirla el ser en tres niveles diferentes: el físico, donde aprenderá que a garrotazo dado, corresponden tres recibidos. El emocional, donde el individuo egocéntrico hiere emocionalmente a los demás; y es miserable, porque hace miserables a todos los que le rodean. Y, el mental, donde se reparte garrote a nivel de las ideas. Un ser infatuado con el “solo es verdad aquello que yo creo” va a querer exterminar a quienes contraríen su interpretación de cómo debe ser el mundo. Es igual quienes sean sus víctimas, si: paganos, infieles, brujas, negros, judíos, comunistas, capitalistas, etc. Solo con experiencia este ser aprenderá que el único resultado obtenido con tal “misión” es la destrucción dolorosa de sí mismo.

Después de cientos de palizas recibidas en múltiples experiencias como verdugo, la memoria inconsciente de ese ser estará colmada de miedos. Estos provocan un cambio de polaridad en su mundo dual. Entonces el individuo pasa, de victimario, a ser la víctima. ¿Cuál es el siguiente paso para este ser aterrorizado? ¡Donde haya acumulación de miedos, allí tendrá que disolverlos mediante la experiencia directa de aquello que más teme!. Si el miedo más grande es a la tortura, o la ruina, irremediablemente tendrá que afrontar estas situaciones que su miedo atrae. Para ello, el universo le provee de todos los amigos del garrote que su lección particular reclame. En esta forma su sensibilidad es modelada a cincel y martillo, hasta eliminar la capa rústica del miedo, que, en esta etapa del aprendizaje, mantiene oculta la gema preciosa del amor.

En la medida en que se deshace el miedo va avivándose internamente el amor, que es la elevada frecuencia del sello del corazón. Esta energía sublime redime al individuo. Como consecuencia su conciencia se expande y la vida en adelante le conducirá por otro tipo de experiencias diferentes. Como especie, la raza humana fue redimida por el Maestro Jesús de Nazareth. Sin embargo, hay que aclarar, que no existe posibilidad de redención a través del dolor y la muerte, que son frecuencias bajas, características del ciclo que precisamente está siendo superado. Jesús nos redimió con la plenitud del amor. Fue su vida, la que activó en nuestra memoria colectiva el triunfo sagrado del sello del corazón.

La característica principal de quienes han alcanzado la apertura del sello del corazón es la de tener la capacidad de colocarse en el lugar del otro. Desde esa perspectiva se ve el mundo como injusto, porque no estamos de acuerdo en que existan individuos pobres, enfermos, sin oportunidades de progreso, ni esperanza. Se desea entonces cambiar las cosas y los esfuerzos se canalizan en ayudar a quienes creemos que merecen ser salvados.

Sin embargo ser salvadores del mundo es una empresa imposible, porque el mundo no necesita ser salvado. Desde luego que nos corresponde dar ayuda a quienes el universo ha puesto a nuestro cuidado, sea por vínculos inmediatos de sangre, o de trabajo. Pero “mejorarle la situación” a quienes están fuera de ese círculo equivale a interrumpir procesos evolutivos. Cada ser está sembrado en la experiencia que le corresponde aprender, y no es correcto alterar este orden. Si lo hacemos estaremos violando leyes cósmicas y tendremos que atenernos a las desagradables consecuencias.

Por eso, los resultados obtenidos por las “almas caritativas” son bastante pobres, y en innumerables casos la moneda de pago es la ingratitud. Cuando la intervención de los bien intencionados interfiere con los planes del universo simplemente los llaman a calificar servicios prematuramente. No nos extrañe pues encontrar en este nivel tantos mártires, entre ellos: Ghandi, Lincoln, los hermanos Kennedy, Martin Luther King, Salvador Allende, Jorge Eliécer Gaitán, y muchos más.

Las luchas por salvar el mundo concluyen cuando el ser comprende que no se puede juzgar sin saber cuales son las leyes; ni alterar nada de lo exterior, sin cambiar primero lo que está dentro. Con estas claves se abre la posibilidad de la búsqueda interior, que corresponde a la activación de la energía de los sellos de la tríada superior. Pero para acceder a ese nivel de conciencia se requiere un acto de creación, en este caso unir las fuerzas opuestas de oriente y occidente. De occidente tomamos el camino crístico del amor y de oriente la tecnología espiritual que fue dada a los antiguos Vedas y al Maestro Gautama Buda.

Cuando adoptamos la meditación como disciplina diaria abrimos la posibilidad de comunicación con el ser interno, así se activa el sello de la garganta. Ocurre entonces una ampliación de conciencia: ahora el ser capta las experiencias no solo hacia fuera, sino también hacia adentro. Con esta nueva percepción se desarrolla la intuición y se descubren habilidades nuevas de coexistencia. El sistema nervioso tendrá un funcionamiento más equilibrado, lo que se traduce como un incremento en salud, felicidad, paz, éxito y mejor aprovechamiento de las oportunidades.

La comunicación con el ser interno es correspondiente con el encuentro del maestro externo. Sus enseñanzas nos sacan de la ignorancia y nos brindan una nueva visión del mundo, desde la perspectiva de las leyes universales. Con ello la dualidad se disuelve y la energía del sello del tercer ojo, o glándula pituitaria se activa. Este nuevo escalón evolutivo nos abre la posibilidad de crear nuestra propia realidad en forma premeditada, conciente y armoniosa.

Activar el último sello significa la apertura del tálamo, que es el portal que conduce a la llamada “Conciencia de Unidad” o iluminación. Antes de lograrlo hay que renunciar al libre albedrío, y aprender a fluir en el “hágase Señor tu voluntad”. Un ser iluminado tiene la capacidad de percibir simultáneamente el valor global, e individual de cada experiencia. Cada una de sus acciones se promueve a través de un pensamiento nacido en la conciencia de unidad. Así logra actuar sin esfuerzo, con el mínimo trabajo, y con la mayor rapidez, para producir esos resultados asombrosos que los hombres califican de “milagros”.


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      Hacer una pregunta 15.04.2008. 09:40

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