Relación de Pareja y Matrimonio

por María Antonieta Solórzano

El aumento de los divorcios preocupa a los que piensan que la solidez de la sociedad depende de la estabilidad del matrimonio, mientras que a los que sostienen que el amor debe ser el pilar de la familia, les inquieta que los matrimonios se mantengan por pura conveniencia.

Unos creen que si bien en el matrimonio el deseo va desapareciendo, el verdadero amor, el que es solidario y acompaña, perdura. Otros afirman que cuando la pasión desaparece de la vida de la pareja quedan solo la rutina y las obligaciones, y que estas no son suficientes para seguir viviendo juntos.

Aunque en algún punto todos podrían tener razón, la situación no deja de ser confusa. ¿Cuál es camino a seguir? El dilema es: conformarse con una vida de pareja sin pasión, o abandonar el proyecto del matrimonio porque la pasión se acabó. Tal vez lo primero que debemos poner de presente es que aunque usamos de manera indistinta, y como si correspondieran a experiencias iguales, los términos ‘matrimonio’ y ‘relación de pareja’, en realidad no lo son.

Y es que para la generación de nuestros abuelos era creíble aquello de que “matrimonio y mortaja vienen del cielo”, pues la intervención de los cónyuges en la decisión matrimonial era mínima ya que la conveniencia del casorio era una determinación de las familias. Es decir, los matrimonios no comenzaban por constituirse primero como una relación de pareja.

No es raro por ello, oír que las abuelas y los bisabuelos relaten que sus padres no les permitieron casarse con alguien que les llamo la atención, porque ese alguien no cumplía con los requisitos necesarios. Recuerdo el caso de una mujer, hija de un hombre de sociedad algo díscolo y viudo, que recordaba con dolor que no se pudo casar con el hombre de sus sueños, pues la familia de él consideró que una joven como ella, educada por un hombre solo, no era garantía para hacer un buen hogar. Después, ella se unió en matrimonio con un buen partido, pero no pudo olvidar a su primer amor.

En este orden de ideas, las personas se casaban teniendo en mente hacer familia y conservar o acrecentar el patrimonio familiar. Eso era lo que la tradición mandaba. Y si además surgía el amor, bingo: felicidad plena. Pero esto era la ñapa, no el premio mayor.

La vida ha cambiado y hoy en día es impensable que la familia de origen tome en sus manos la decisión del matrimonio de los hijos. La influencia se ejerce de manera diferente, pues más bien se educa a las personas para enamorarse dentro de las condiciones convenientes. En la actualidad, se considera necesario entusiasmarse y apasionarse por alguien “conveniente” para pensar en matrimonio.

Cuando la pareja contrae matrimonio con las formalidades y requisitos que la ley exige, adquiere, desde ese instante, una serie de derechos y deberes reconocidos por la ley y exigibles por los contrayentes. Entonces, la vida espontánea y apasionada donde todo se da y se recibe, sufre transformaciones que, aunque en no pocas veces acaban con el amor de pareja, en otras también permiten que el matrimonio continúe.

En la consulta es común oír frases como: “A mi esposa yo la respeto pero no me despierta amor como el que siento con…”; “En realidad hemos hecho muchas cosas juntos, los hijos y el patrimonio, así que no voy a poner eso en riesgo y comenzar de nuevo”. O, “Ya no resisto más, hace tiempo que lo único que nos queda es el patrimonio y los hijos; entre nosotros no hay nada que verdaderamente nos una y me siento vacía y adolorida, necesito ser libre y encontrarme a mí misma...”

Lo claro es que la institución matrimonial con roles fijos para los hombres y las mujeres, con acuerdos de metas y convivencia marcados desde el exterior de la pareja, ya se acabó. Hoy cada pareja quiere decidir las reglas de su relación y la clase de compromisos que asumirán en su matrimonio. Por lo tanto, cada individuo habrá de prepararse emocionalmente para construir una propuesta que se acomode tanto a su propio desarrollo, como al de su cónyuge.

La construcción consciente de una vida de pareja amorosa y no solo el matrimonio conveniente es una de las fuentes de realización personal que surgieron a partir de las libertades del Siglo XX. El destino de las familias de siglo XXI entonces, estará marcado por estas nuevas posibilidades del amor, que la llevarán a encontrar caminos más allá de la única fórmula de vivir juntos hasta que la muerte los separe. Caminos donde el amor que supera la posesión del otro garantice la generosidad material y el soporte afectivo para todos los miembros de una familia.


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      Hacer una pregunta 25.05.2010. 22:11