Nunca Renunciar al Amor Propio

por María Antonieta Solórzano

Casi todos nosotros en algún momento de la vida nos hemos sentido atrapados en situaciones que, aunque son el resultado de nuestro libre albedrío, terminan por parecernos un callejón sin salida. No entendemos, por ejemplo, por qué aceptamos un determinado trabajo si desde el fondo del corazón sabíamos que no era lo que buscábamos; o nos extraña el habernos sometido a las exigencias del cónyuge si, en verdad, sabíamos que de esa forma no seríamos felices.

Y es que, en el curso de nuestra historia personal, existen sucesos que nos llevan a tomar decisiones que luego, sin que lo notemos, afectan de forma definitiva nuestras vidas. En este orden de ideas, no es raro vernos actuar en contra de nuestros deseos más evidentes y, en consecuencia, criticarnos por hacerlo. Así, muchas veces nos preguntamos: ¿Será posible conciliar lo que hacemos con lo que pensamos?

Y es que a pesar que todos sabemos que la existencia humana depende de nuestra habilidad para conciliar y que, además, nuestra calidad de vida tiene que ver con la posibilidad de resolver los conflictos, nuestras tradiciones culturales no siempre van en esa dirección. Admiten, por ejemplo, propuestas basadas en el abusivo pupitrazo, en las que se impone la voluntad de una sola de las partes y raramente terminan en el consenso, pues este requiere el consentimiento de todos los que intervienen en la decisión.

Lo curioso es que cada uno de nosotros, de manera individual, reproduce estos modelos en sus diálogos interiores. A veces, intentamos el consenso entre nuestras ideas, sentimientos, exigencias y compromisos, mientras que en otras ocasiones algún aspecto se impone mediante ese pupitrazo y, en consecuencia, nos encontramos actuando a su servicio sin entender muy bien porqué.

Recuerdo la narración de una mujer que estableció una relación de pareja con un hombre que, debido a una enfermedad, atravesaba por una situación de gran vulnerabilidad. En ese escenario, ella asumió el compromiso de cuidarlo. Tiempo después, y a medida que él fue superando sus incapacidades, se fue transformando en un hombre dominante, agresivo e incluso abusivo. Ella, a pesar de ser una mujer autosuficiente emocional y económicamente, no podía abandonarlo y no lograba entender porqué. Al parecer, el compromiso de cuidarlo estaba dándole un pupitrazo a la vida emocional de esta mujer.

Durante las sesiones de terapia se fue haciendo claro que ella había sido educada para cumplir con sus compromisos: su palabra empeñada era ley. Se dio cuenta, entonces, de que no tenía permiso interior para renunciar a su promesa de cuidarlo, es decir, que la lealtad con el pacto de cuidarlo estaba llevándose por delante a la responsabilidad de conservar su propia tranquilidad o su bienestar personal.

Al darse cuenta de esta situación, ella inició un proceso de negociación consigo misma, para resolver el conflicto entre sus principios. Por un lado, estaba el mandato sobre el cumplimiento de los compromisos y, por otro, su responsabilidad frente a su bienestar personal. Arreglo nada fácil de alcanzar, dada de la importancia de los dos valores.

Pero ella conversó con cada una de sus voces y encontró una fórmula que facilitó el consenso: propuso que el compromiso de cuidar debía incluirla a ella en primer lugar, es decir, que ningún acuerdo o compromiso podía ir en contra de su principal lealtad que era el amor consigo misma.

Resulta maravilloso ver cómo ella recuperó su dignidad al encontrar que su principal lealtad es, precisamente, el amor consigo misma, y que el dolor de la sensación de estar atrapada en un callejón sin salida se puede convertir en un sentimiento de libertad verdadera.

Pero sobretodo resulta esperanzador que en nuestro mundo interno, al igual que en mundo social, seremos libres el día en que al revisar nuestra propia historia nos quitemos las cargas de cualquier compromiso que nos implique renunciar a nuestro amor propio. Solo quien haya encontrado caminos amorosos para salir de sus propios callejones, puede ser una promesa de paz para los demás.


(Descarga gratuitamente este artículo: Haz click aquí.)

      Hacer una pregunta 24.11.2010. 23:32