Los Buenos no son tan Malos... y viceversa

por María Antonieta Solórzano

No hay duda: todos anhelamos un mundo en el que el bienestar, la justicia y el amor regulen las relaciones entre los seres humanos, bien sea en la familia, en la sociedad o más aún en nuestro mundo interior. Sin embargo, ¡qué extraño destino es este que los seres humanos nos hemos fabricado! Un destino a las espaldas de nuestras más caras ilusiones.

¿Sorprendente? No tanto. Si nos damos cuenta de que cada vez que alguien se atreve expresar su fe en el buen trato lo llamamos ingenuo. Cada vez que alguien cree en el amor lo diagnosticamos fanático y si además da muestras de ser generoso pensamos que definitivamente está loco.

En cambio, curiosamente cuando alguien afirma que no confía en nadie, que se ha hecho solo, que no necesita ayuda, que lo mejor es que cada quien se dedique exclusivamente a cuidar lo suyo, se piensa que ese es un ser confiable, que está en capacidad de dirigir a otros, pues tiene los pies en la tierra.

No parecemos notar que esta es el arma mortal con la que nos hemos dedicado a destruir no solamente nuestra propia felicidad, sino también el futuro de nuestros hijos. Usando esta manera de pensar trivial pero dañina, nuestros hijos y nietos no van a encontrar ni parejas ni amigos utópicos que los amen, menos aún solidaridad para sus momentos difíciles, y ni siquiera un mundo interior donde ellos mismos se acepten ampliamente su bondad natural.

Dichas creencias son devastadoras, en la familia y en alma se encargan de convertir la cotidianidad en un escenario de guerras de poder, proponen los errores como malas intenciones y destrozan la posibilidad del perdón.

Insisto, actuamos como si en verdad creyéramos que el amor y la felicidad fueran una enfermedad mortal y contagiosa y, en cambio, el desamor y la amargura, los tesoros de la madurez y el secreto del éxito social y económico.

Creemos que una persona bondadosa y buena definitivamente no tendrá éxito por eso, por lo ingenuo y lo confiado, porque todo el mundo se aprovechó de él. Y que en cambio el que no se deja de nadie, que mantiene todo bajo control, que solo hace su voluntad, a ese le va a ir bien pues logrará hacer un patrimonio importante.

Qué maravilloso es aceptar que el amor, la bondad y la riqueza material pueden ir de la mano, no tenemos que escoger entre ser buenos pero pobres o tiranos pero ricos. Podemos construirnos un destino en el que el bienestar, la justicia y el amor guíen nuestras acciones, si solo nos atrevemos a sentir que la riqueza material y espiritual colectiva surge de la certeza en la prosperidad y la bondad.


(Descarga gratuitamente este artículo: Haz click aquí.)

      Hacer una pregunta 28.07.2009. 15:02