La Justicia no es Venganza

por María Antonieta Solórzano

Que la paz empieza por casa es una creencia con la que todos podemos estar de acuerdo. Sin duda, todos estamos cansados de ver pasar frente a nuestros ojos las historias de los peleas de la familia, del vecindario, de los partidos, de las naciones. En estas situaciones, curiosamente, los conflictos se llevan por delante los principios que pretendían defender. El padre de familia cree que su hijo lo irrespeta y, en respuesta, le humilla para enseñarle, precisamente, a respetar. Un niño coge flores del jardín de un vecino y recibe una paliza mortal como escarmiento. La ley del Talión, ojo por ojo y diente por diente, se aplica con rigor confundiendo así la justicia con la venganza.

Cada vez que expresamos cosas como “Eso sí, yo no me voy a dejar, a mí no me manda nadie”, “En mi casa mando yo”, etc., etc., se evidencia la búsqueda de una retaliación, de un acto de dominio o venganza. Pero, sobre todo, estamos sentando los cimientos de la violencia.

¿Será posible el futuro si seguimos pensando que la violencia, intrafamiliar o nacional, puede solucionar conflictos? ¿Será posible que al ver en el otro -familiar, vecino o adversario político- un enemigo, podamos alcanzar la paz?

Lo grave de la situación es que una vez que nuestra mente ha convertido a otro ser humano en enemigo, el motivo deja de ser importante. Lo relevante es que el otro ya no es un ser humano legítimo en convivencia conmigo. Sus necesidades y derechos dejan de existir para el contendor. Así, por ejemplo, cuando una comunidad étnica o religiosa define a otra raza o religión como su enemiga, automáticamente los seres humanos pertenecientes a ese segmento de la población, dejan de tener derechos. Cuando un partido político define a otros como sus enemigos, deja de reconocerlos como ciudadanos legítimos. Cada vez que se establece una enemistad, los sentimientos, la historia personal, los valores, el dolor o la alegría del opositor, es insignificante.

Pero lo más grave, como lo hemos dicho, es que en nuestra cotidianidad es suficiente con incomodar al otro para que las semillas de violencia aparezcan. Una persona en la consulta me relataba, que vive en un edificio en donde los garajes son estrechos y por lo tanto es necesario parquear con mucha precisión para evitar daños en los carros. Ella le pidió a su vecino el favor de parquear su carro unos centímetros más lejos del de ella, justamente para poder cuidar mejor de los automóviles. Su vecino, sencillamente, le contestó que él tenía derecho a parquear en su garaje como a él le pareciera, que él no tenía la culpa que ella tuviera un carro grande.

Y es que nuestras creencias individualistas seguramente le dan razón al vecino. De hecho, hasta hace algún tiempo la violencia intrafamiliar no podía ser intervenida por el Estado, pues se consideraba que de puertas para adentro de un hogar nadie podía meterse. El hombre que asesinó al niño que le cogía las flores de su jardín, seguramente, también cree que en su propio territorio nadie entra sin su autorización y menos a robarle unas flores. Hasta hace relativamente poco tiempo, podía suceder que si alguien impedía que un marido le pegara a la esposa, esta protestaba alegando con un “Déjelo porque para eso es mi marido”.

Aunque muchas personas crean que su conducta personal de puertas para adentro no tiene que ver la violencia; aún cuando crean que son personas de bien porque no son delincuentes y no tomen las armas, la violencia se siembra al convertir a otro en enemigo, al dominarlo o al responder indolentemente a las necesidades de los demás, sean pordioseros, vecinos o familiares.

Podemos estar de acuerdo con Bertolt Brecht en que:

“Hay hombres que luchan un día y son buenos
Hay hombres que luchan un año y son mejores
Hay hombres que luchan muchos años y son muy buenos
Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”

Si queremos dejar de ser buenos para convertirnos en imprescindibles, en la lucha por la construcción de la paz será importante que trascendamos los derechos que la ideología individualista nos confiere, y reconozcamos que supervivencia de la comunidad humana tiene que ver con reconocer la historia, los sentimientos y las necesidades de los otros como nuestra responsabilidad mas importante.


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      Hacer una pregunta 31.08.2010. 19:43