¿Estresa decidir?

por María Antonieta Solórzano

En ocasiones, nuestro futuro se ve afectado por circunstancias que escapan a nuestro control. Y, al contrario, hay momentos en los que todo parece depender de nuestra decisión.

Cuando las circunstancias nos tratan como si fuéramos hojas al viento, puede ocurrir que la suerte nos sonría o que la adversidad nos abrume. Conscientes del azar, nos preguntarnos: ¿por qué a nosotros?

Paradójicamente, también cuando sabemos que al elegir una cosa u otra estamos tomando las riendas de nuestro futuro y que no hay marcha atrás, sentimos miedo y desde el fondo de nuestra mente también nos preguntamos, ¿porque a mí me toca tomar esta decisión?

Así, al optar o no por un trabajo económicamente muy rentable que nos hace desaprovechar el contacto con nuestra familia; o al movernos hacia una ocupación que nos parece más cercana a nuestra vocación, con el riesgo de desperdiciar la comodidad que hasta ahora disfrutábamos, podemos sentir estrés.

O en las situaciones cruciales para la vida de una organización, por ejemplo, al optar por una fusión en la que se podrían tener ganancias económicas pero disminuir la calidad de la vida de los trabajadores; o elegir modelos de democracia participativa en los que se pierden los privilegios de un sistema autoritario, en esas circunstancias podemos sentir amenazadas nuestras zonas de confort. Y, al borde de la desesperación, pretender escapar de la carga que implica asumir las consecuencias de una definición.

Los amigos pueden dar consejos, los expertos hacer análisis de riesgo pero el “sí” o el “no” que surja desde nuestro interior, personal o social, desencadenará las consecuencias. Nos preguntamos, entonces: ¿habrá algún método infalible, una forma de no equivocarnos?

Todos sabemos que al elegir un camino la incertidumbre es la más corriente de las experiencias humanas. Y que frente a ella, nuestras tradiciones culturales nos dicen que el miedo llega. Sabemos también que si al conversar, por ejemplo, con el que teme no tener tiempo para atender su familia o con el que debe decidir sobre la fusión, ponemos sobre la mesa la más caótica de las consecuencias es usual que, en el nivel de lo práctico, encuentre alternativas para el manejo del posible desastre. Pero que en el plano emocional seguirá experimentando miedo, sintiendo el peso sobre hombros y la responsabilidad seguramente lo abruma.

Y es que, más allá de las ventajas o desventajas de una decisión, lo único que nos da paz, lo que nos hace libres, es encontrar el sentido del camino escogido; de esta forma podemos asumir las consecuencias y desarrollar la humildad necesaria para ocupar nuestro verdadero lugar en el mundo y asumir con valor y responsabilidad las consecuencias cercanas y lejanas de lo que hacemos. Es sencillo, vivir desde la grandeza del alma la oportunidad de decidir como una bendición.


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      Hacer una pregunta 18.08.2009. 20:46