El Corazón: nuestro Guía Interior

por María Antonieta Solórzano

La vida de cada uno de nosotros está llena de oportunidades que podemos dejar pasar o tomar. Hay mucha gente que afirma que uno no puede arrepentirse de lo que ha hecho sino de lo que ha dejado de hacer.

Pero en verdad, son muchas las personas que piensan y sienten lo contrario. Dicen: “Si en lugar de haber seguido ese camino hubiera seguido el otro…” o “He podido aprovechar mejor esa propuesta, no me di cuenta de lo que podía ser…”. Sin embargo, lo que ocurre es que nadie sabe qué habría pasado si hubiera hecho algo diferente.

Lo que sí sabemos es que cuando nos equivocamos pagamos las consecuencias: normalmente nuestra vida pierde color.

Saber cuáles son las cosas que nos acercan a nuestro verdadero ser no siempre es fácil. A veces creemos, en principio y con entusiasmo, que esta profesión es lo que queremos, para encontrar, años más tarde, que deja vacío nuestro corazón; o nos lanzamos a una experiencia romántica para luego notar que, aunque parezca funcionar, nuestro ser no vibra con la intensidad que esperábamos. Otras veces estamos conscientes de que, con certeza, no sabemos hacia dónde dirigir nuestra energía afectiva o nuestra capacidad de trabajo.

Muchos se sienten seguros y satisfechos con lo que hacen. Con frecuencia estas personas -lo dicen en la consulta- están convencidas de que han encontrado la misión de su vida, aquello para lo que están predestinadas. Es el caso, por ejemplo, de alguien que siente que su misión es sanar y se ha convertido en médico. Y así muchos casos.

Sin embargo, en el mundo del afecto las misiones son un poco más complejas o difíciles de discernir. Aún así, nos encontramos con personas que sienten que su tarea es aprender del amor de pareja, la habilidad de proteger y cuidar, y se sentirán plenas si se casan con alguien para quien el recibir cuidado es crucial.

El punto es: ¿En dónde podemos encontrar una señal o una clave para que nuestras decisiones puedan acercarnos a nuestra misión?

Nuestra historia personal, los gustos de nuestra infancia, la opinión de los que nos conocen, todo ayuda. Sin embargo, las decisiones que más nos acercan a descubrir nuestra misión solo pueden realizarse consultando con el corazón. Pero, ¿cómo sabemos lo que el corazón dice? ¿Es acaso lo que pensamos? ¿Lo que opinamos? ¿Tiene otra forma?

Y parece ser que sí: el corazón se comunica de manera curiosa. Nos conversa a través de lo que soñamos; se manifiesta en algunas acciones imprevisibles. Son muchas las personas que en la consulta relatan los sueños y en principio piensan que no tienen nada que ver, que simplemente son absurdos. Sin embargo, cuando los entendemos como si estuviéramos oyendo un cuento del que aprendemos una moraleja, ellos se revelan como nuestro propio guía interior.

Como se sabe, es práctica común en la psicoterapia conversar y analizar los sueños para trabajar y entender mejor las situaciones por las que pasan las personas. En algunas oportunidades podemos asumir esos sueños como una obra de teatro en la que, en simultáneo, somos escritores y espectadores: está escrito por los anhelos del corazón pero nuestra mente es capaz de observarlos, de encontrarles significado.

En consulta una joven me relataba que una noche estaba con ansiedad y angustia, pues no entendía qué le pasaba al novio. Este en principio parecía una persona muy seria, muy estable. Pero a medida que el compromiso se hacía más permanente y se acercaba la hora del matrimonio, él comenzó a cambiar de conducta. Y ella sentía mucha angustia y sufría porque pensaba que tal vez debía abandonar la relación, pero no podía hacerlo.

Esa noche tuvo un sueño en el que ella y su novio llegaban a un centro de convenciones y su novio era el personaje central del evento. Pero nadie debía saber de su relación. Luego, en un segundo momento, ella se dirigía al cuarto de él pero no lo encontraba. Lo vio al mirar por la ventana, con otra fisonomía jugando en la arena y claramente notaba que estaba loco.

Se despertó ansiosa y al notar que era un sueño se tranquilizó. Siguió pensando y entendió: Ella, que tenía un hermano loco, se había comprometido a nunca abandonarlo. Pero al entender y asimilar que su novio no era su hermano, pudo al fin terminar la relación. Su misión tenía que ver con cuidar de su hermano, pero no con hacerse cargo de la locura de cualquiera otro ser humano que se le acercara.

Las decisiones importantes de nuestra vida, aquellas que tienen que ver con los derroteros que marcan nuestra misión, requieren que afinemos nuestra habilidad para dialogar con el corazón y harán de nuestra vida una obra de arte si podemos contestar afirmativamente a la pregunta: ¿Somos fieles a nuestros sueños?


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      Hacer una pregunta 08.12.2009. 15:37