El Amor y la Compasión Vencen el Dolor

por María Antonieta Solórzano

La guerra, los desastres naturales o los cambios políticos, han forzado a muchos seres humanos a abandonar sus ilusiones, sus querencias, los han obligado a sentir una muerte en vida. En momentos como estos, comenzar de nuevo parece ser la única consigna posible. Sin embargo, la incertidumbre se apodera de la mente, nos llenamos de dudas. “¿Tendré futuro?” “¿Podré sentirme feliz otra vez?”, son las preguntas a las que nos enfrentamos.

Y es que en los momentos de dolor, ya sea este físico o psíquico, el futuro desaparece. Nos vemos inmersos en un presente eterno, donde ese dolor parece ser el único habitante.

Nuestras creencias culturales le restan importancia al dolor que se causa al perder el futuro. Pero lo obvio es que todos nos movemos, o mejor, actuamos cuando el rumbo nos parece claro. Cuando, por el contrario, no vemos un norte, la consecuencia es que nos paralizamos. La conocida expresión “lo veo todo negro” no puede ser más cierta.

Esta parálisis en sí misma, también es dolorosa. Recuerdo que una persona que sobrevivió al terremoto de Cajibío se sentó en una terraza durante cuatro meses. Sus parientes le oyeron muy pocas palabras durante ese lapso y, ocasionalmente, le vieron llorar. Cuando la vida nos obliga a cambiar de dirección no solamente experimentamos el dolor de que lo logrado hasta el momento se pierda, sino también sentimos parálisis frente al futuro.

¿Qué han hecho quienes han atravesado estos momentos de crisis y le han encontrado un nuevo rumbo a sus vidas?

Un capitán del equipo de fútbol americano Los Titanes, a raíz de un accidente quedó parapléjico. Entonces decidió entrenarse para participar en las olimpiadas para incapacitados físicos. Su compromiso con el deporte lo llevó a continuar en esa vocación a pesar de las circunstancias. Encontrar un nuevo camino de expresión a nuestra verdadera pasión es una de las herramientas para volver a la vida.

Una mujer desplazada se despertó del dolor en el que estaba sumida cuando observó como los hombres del asentamiento habían aumentado la violencia contra las mujeres. En ese momento decidió conversar con ellas para ayudarlas a recuperar su dignidad. Ocho meses más tarde habían organizado una empresa de artesanías. Descubrir que podemos servirle a los otros nos permite trascender los dolores, encontrar un lugar en el que podemos ser útiles a los demás vuelve a crear sentido y futuro a nuestra existencia.

Una mujer de mediana edad asistió a consulta pues con ocasión de un hecho de violencia, común en nuestro país, había perdido a su madre, a su marido y a una hija. El dolor y la desesperanza la invadían totalmente. Su único deseo era morirse, no comía y veía a su nieta pequeña sumida en el dolor como ella, pero no podía hacer nada. Para colmo, me relataba con rabia, que sus amigos para consolarla le decían que “no hay mal que por bien no venga”.

Le pedí que me explicara la rabia. Ella me dijo “es que cómo pueden decirle eso a alguien que tiene dolor -¿qué les pasa? ¿es que no han pasado nunca por el sufrimiento?- eso no ayuda”. Le pregunté si podían hacer algo por ella. Con dolor me contestó: “nada, ninguno puede reemplazarlos, ninguno puede hacer lo que ellos hacían”.

Se quedó muy pensativa y de repente como pensando en voz alta afirmó: “Ninguno los puede reemplazar, pero ellos hacían muchas cosas por la familia, alguien tendrá que hacerlas” -y volvió a su silencio. Después de un rato dijo: “creo que voy a tener que ser yo”. Estalló en llanto pero se comprometió con esa tarea.

Hoy día ella dice que no se reconoce, que nunca se imaginó que iba a ser capaz de honrarlos al lograr que lo que ellos habían sembrado diera frutos. Finalmente había aprendido mucho.

Cuando el dolor nos invade y perdemos el norte de nuestra vida; cuando la parálisis se apodera de nosotros, solo lo más esencial puede abrirnos el camino de la esperanza. Así la pasión verdadera será capaz de romper obstáculos, la compasión por los otros abrirá el camino del servicio, y la lealtad con los que amamos ampliará los horizontes de lo que somos capaces de hacer.


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      Hacer una pregunta 23.02.2011. 13:04