¿Convencer... o mejor, Incluir?

por María Antonieta Solórzano

Es claro que convertir nuestros sueños y metas en realidades no es un acto individual y solitario sino que requiere del esfuerzo de muchos.

Y, en ese proceso, nadie desconoce que nuestra habilidad de convencer o incluir a otros marcará la diferencia entre el éxito y el fracaso. Sin embargo, aunque convencer o incluir parecen acciones igualmente posibles y legítimas, usar una o la otra genera grandes contrastes en cuanto a autonomía, pasión y lealtad.

¿Será que vamos a permitir que nos convenzan, o tal vez preferimos sentirnos incluidos?

A través de nuestras tradiciones, hemos sido educados para convencer más que para incluir, tenemos una gran habilidad para actuar en ese terreno; hay padres de familia o líderes que a toda costa convierten sus propuestas en realidades. Para ello se usa desde la demostración lógica hasta la fuerza, pasando por la seducción.

Por ejemplo, si nuestro cónyuge no está de acuerdo con nosotros en algún aspecto de la cotidianidad, ya sea trivial como “¿qué hacer la tarde del sábado?” o profundo como “¿usamos el castigo para educar a nuestros hijos?”, lo que seguramente sucederá, en el mejor de los escenarios, es que ambos van a exponer las razones por las cuales su punto de vista es el que merece ser tenido en cuenta, y al final del día el que logre que su propuesta se concrete en la realidad será entendido como el ganador.

No está demás aclarar que, en estos casos, hay un consenso inconsciente que da por supuesto que esas son las reglas y que el convencido aceptará la idea triunfadora, aún sin su convicción o su pasión.

Y, en el peor de los escenarios, una expresión como “aquí se hace lo que yo digo”, acompañada de distintos grados de severidad o incluso de violencia, puede terminar la discusión declarando un vencedor y un vencido.

Otra cosa muy distinta sucede cuando los hábitos de conversación o el diálogo incluyente aparecen: se despierta el libre albedrío, la conciencia y la pasión. Y es que pasar de defender una posición para construir una nueva realidad que incluya las perspectivas de todos, es la manera de sentirnos participantes y dignos. Vivir así requiere que cada uno de nosotros reconozca que la diferencia es un aporte y una ampliación de la realidad.

Así por ejemplo, la tarde de sábado tendrá espacios para que cada uno de los miembros de la pareja pueda decidir desde la libertad y la autonomía cómo acompaña o facilita las expectativas del otro y, más aún, el método educativo escogido será aquel en el que tanto la madre como el padre puedan acompañar con disciplina y cariño la formación de los hijos.

Abandonar la defensa de la posición por la inclusión de las diferencias hará que nuestro futuro y el de nuestros hijos dimensione el significado de la expresión: Convivencia Humana.


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      Hacer una pregunta 15.09.2010. 11:45