Conócete y Déjate Conocer

por María Antonieta Solórzano

Cada vez que la vida nos propone una situación que no podemos resolver con nuestras propias habilidades, nos vemos obligados buscar nuevos recursos. Con frecuencia dudamos, no sabemos si estos existen o no, ignoramos si será posible superar la situación. Y es que aunque la sabiduría consagrada en la máxima de “Conócete a ti mismo” es reconocida universalmente, no resulta tan sencillo cumplirla.

Nuestras tradiciones parecen sugerirnos que conocernos y solucionar nuestros problemas es una acción individual; que pedir ayuda en estos momentos supone una cierta debilidad. ¿Será que estamos destinados a morir sin saber quiénes somos y a vivir aparentando una sabiduría que ninguno puede obtener solo?

La realidad es que nadie ve lo que no ve; que dos ven mejor que uno y que conversando las cosas se aclaran.

Es frecuente que al contarle a otro nuestras ideas sobre una situación que nos preocupa, sus comentarios nos hagan decir: “No lo había pensado así.” Y aún más, sucede que las palabras de los otros nos hacen desear que ojalá lo hubiéramos visto así. ¿Qué es lo que sucede? Que en los momentos de conflicto personal es difícil pensar con claridad. No nos hemos educado para desarrollar esa destreza.

No la tenemos porque sencillamente, y de manera estrictamente individual, decidimos que eso no era importante. No tenemos esa práctica porque, precisamente, nuestras tradiciones educativas no le dan prioridad a esos aspectos.

Hemos organizado una sociedad en la que se educa para el conocimiento académico, para el saber productivo, pues la pregunta “¿De qué vas a vivir?” es más importante que el cuestionamiento “¿Cómo vas a hacer para vivir contento contigo mismo?” Así, la primera prioridad es el dinero, el poder o la fama. Se supone que después y como por añadidura, sin que tengamos que hacer mucho, vendrán la felicidad o el amor.

Es curioso, pero cuando las personas participan en grupos de crecimiento o conocimiento personal, y deben presentarse ante las otras, casi sin excepción y sin importar el éxito social que hayan logrado, se inhiben o se incomodan pues no saben cómo resolver un encuentro personal con un desconocido, aún en un contexto amable.

Lo más común es que terminen por hacer un resumen de los datos administrativos de su hoja de vida: nombre, edad, estado civil, profesión, aficiones. La tensión del encuentro se disminuye, pero la mayoría se mantiene en los espacios más superficiales de su ser. Es triste que muchas parejas y familias vivan su cotidianidad utilizando este tipo de comunicación: opiniones y noticias.

Lo más emocionante ocurre cuando las personas del grupo se arriesgan a conversar acerca de su biografía, de los momentos más importantes para ellos. Inevitablemente, se oyen historias sobre la infancia, y la intimidad que va surgiendo permite la expresión del afecto.

Ya la información no se parece a una noticia, toma más bien la forma de un compartir. Las opiniones de los otros entonces, alimentan y dan luz sobre la propia vida. No es raro que las personas se atrevan a contar algo que hasta ese momento había sido su gran secreto. No es raro tampoco que las diferencias de género o de nivel socioeconómico se resuelvan, y surjan verdaderos encuentros amorosos. Frases como “nunca me imagine que yo fuera así, que pudiera sentirme tan libre, tan espontáneo, tan sensible, tan seguro, etc.”, muestran lo que las personas anhelan y les gusta vivir.

También en estas circunstancias los resentimientos pueden disolverse: un hijo que tenía motivos para no hablar con su padre puede encontrarse con deseos de volver a su casa y pasar una tarde conversando; una esposa que ya no se soportaba a su marido y lo hacía culpable de su propia desgracia, puede notar cómo ella ha participado en su problema y se arriesga a hablar con él, sin echarle toda la culpa.

Y es que conocernos tiene que ver con mostrar nuestros sentimientos más profundos, con descubrir que la vulnerabilidad puede ser cuidada por otros, que los miedos hablan de que creemos estar solos frente a un mundo hostil; que la ayuda de otro no nos convierte en incapaces; que dos ven mejor que uno y que al conversar las redes humanas se fortalecen y nosotros podemos ser conscientes de quiénes somos verdaderamente: seres humanos y no carreras u hojas de vida.


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      Hacer una pregunta 18.05.2010. 18:20