PRIMERA PARTE - Cap. 1 - Cuando lo que no era no es

PRIMERA PARTE
HABITANDO EL JARDÍN


1. CUANDO LO QUE NO ERA NO ES


Toc, toc, toc…
-¿Si, quién es?- preguntó el YO sorprendido pues no esperaba ninguna visita y las deseaba todas.
-Hola, soy la Felicidad.
-¡Que bien! Por fin has venido, pasa por favor.
- Lo siento, no puedo- respondió la Felicidad para sorpresa de éste.
-¿Por qué?- dijo aun más sorprendido que antes.
-No puedo entrar simplemente porque no hay una puerta, y tampoco veo una ventana.
-¡Pero si mi puerta esta entreabierta! ¡Anda, anda! Pasa te prepararé un té maravilloso- dijo entre sonrisas.
-Parece ser que allí donde tú ves una puerta, yo veo un muro, donde tú ves un paraíso, yo veo una cárcel.
-Eso es imposible, mi casa es muy confortable y mi jardín… si, es un paraíso. Todos los que han entrado así lo confirman. Además no veo ningún muro, pedí a mi arquitecto que diseñara mi hogar de una forma diáfana, con una enorme puerta de entrada y bellas cristaleras para ver todo lo posible desde aquí- argumentó algo enfadado.
-Te sigo diciendo que no hay puertas ni ventanas de este lado. ¡Creo que aun no te das cuenta que soy la Felicidad y no en escalador! Llevo años dando golpes en tu muro para llamar tu atención pero andas demasiado ocupado con tus amistades.- le dijo con la infinita paciencia que la caracteriza.
-Es normal, cuando tus amigos vienen a casa debes comportarte como un buen anfitrión para que se sientan cómodos. Si ellos han entrado seguro que también puedes hacerlo tú.- afirmó con contundencia.
-¿Y quienes son tus amigos?- preguntó intrigada.
-Esta la Soledad, la Tristeza, la Ira, el Odio, el Miedo que ha traído a su prima la Indecisión, la Locura, la Frustración, el Dolor, el Rencor, el Olvido, y algunos más que se están dando un baño en el arroyo. Nos llevamos todos muy bien y pasamos unas veladas muy agradables.
-¡Jo!, ¿sabes una cosa?, conozco a todos tus amigos y no nos llevamos muy bien, de hecho cuando alguien me invita a su casa, ellos siempre salen corriendo casi sin despedirse. Simplemente no me aceptan.- dijo la Felicidad felizmente.
-No será para tanto, ¡exagerada!
-Si quieres una demostración dí que estoy aquí y verás.

El YO decidió hacer caso a la Felicidad y comentó a sus amigos que ella se encontraba al otro lado de la puerta. Todos y cada uno de estos arremetió contra ella, dibujándola como el ser más terrible del universo.

Sorprendido de la reacción de sus amigos que siempre habían sido muy amigables, se volvió para hablar de nuevo con la Felicidad.

-¡Chica, no tienes muy buena reputación!, todos dicen que no eres trigo limpio y coinciden en una cosa: no eres constante ni apareces siempre que se te necesita.
-Siempre he sido muy constante, lo que ocurre es que no me parece bien estar siempre presente con gran intensidad, pues cuando eso ocurre, mi anfitrión deja de ver la realidad real para ver un sueño. No me gusta engañar a mis amigos. Con respecto a lo de aparecer, ¡veras! No aparezco cuando se me necesita para no crear dependencia, solo lo hago cuando se me quiere a su lado, cuando alguien quiere y decide ser feliz.
-Me dices unas cosas muy complicadas de entender. Necesito estar con mis amigos, me gusta mirar por mis grandes ventanales, los cuales limpio a diario para ver con claridad, y de paso mis amigos y yo comentamos lo que vemos.
-¡Vaya!, es algo que siempre me dicen cuando empiezan a quererme a su lado. ¿Qué te hace pensar que lo que ves por tus ventanas es la realidad?- preguntó ésta para dejar al otro fuera de juego.
-Desde luego niña, ¡tienes unas preguntas! Es la realidad porque la veo con mis ojos, y no la veo solo, recuerda que tengo aquí a mis amigos que lo confirman.- argumentó sin saber que más decir.
-Entonces, si eso es así, ¿por qué tú ves una puerta y unas ventanas enormes a través de las cuales me ves y sin embargo yo no puedo verte a ti?

El YO guardó silencio por unos minutos pues alguien estaba rebatiendo su ser y su realidad, cosa que nunca pasaba, pues sus mejores amigos siempre le daban la razón haciendo de su vida una placentera existencia en su jardín, existencia de hacer lo que siempre se hace por el simple hecho de hacerlo como siempre se hace. Siguió en silencio y avanzó hasta su gran ventanal, al llegar a él se vio reflejado en la Realidad, que como tal es impasible con quien se atreve a mirarla.
-Felicidad, ¿que es esto que veo y tanto me disgusta?- pregunto absolutamente aturdido con la imagen que le devolvía la mirada.
-Tranquilo, te presento a mi asesora, se llama Realidad, como ves suele ser un poco brusca y le pierden las formas, pero si le das algo de tiempo la querrás tanto como a los demás.

En ese mismo instante la Soledad, el Miedo, la Ira, el Rencor alzaron la voz de alerta para llamar la atención del YO que seguía ensimismado mirando a la Realidad, pues esta le devolvía una imagen de si mismo que no conocía. Sus amigos tiraban de él hacia el verde jardín pero no podía moverse, solo era capaz de ver el desierto que la Realidad le mostraba, solo podía mirar su imagen deteriorada por la falta de aire por estar en un jardín sin aire fresco.

Así el YO avanzó entre los tirones de sus mejores amigos y pasó su mano por el cristal de su gran ventanal, percatándose del porqué la Felicidad no podía verlo.
-¡ES UNA PARED ENORME!- gritó volviéndose hacia su amigos que lo miraban desafiantes.
-¿Cómo no me habéis avisado?, estoy encerrado en una jaula y habéis guardado silencio, solo me habéis regalado los oídos para que me quedase aquí con vosotros. Erais mis amigos, ¿como habéis podido?- siguió gritando. Y rompió a llorar amargamente sumiéndose durante días en la Soledad y dejándose consolar nuevamente por la Tristeza. Al ver que ésta lo consolaba con su habitual sonrisa en la boca, el YO la apartó de él, se irguió y gritó llamando a la Felicidad que estaba detrás del muro.
-¡FELICIDADDDD!, ven por favor.
-Hola pequeño, perdóname pero sigo sin poder ir. ¿Quieres mi ayuda?- preguntó ésta.
-Si, ayúdame- le respondió mientras secaba sus últimas lágrimas.
-Bien, entonces te ayudaré a ayudarte.
-Otra vez vuelvo a no entenderte. Me dijiste que vendrías si te quiero y ahora quiero que vengas.
-Para poder ir hasta allí, mi camino ha de estar libre de obstáculos, o al menos no tan grandes como éste.
-Pues yo no sé que hacer desde este lado y quiero ver el otro- dijo cada vez con mayor impaciencia.
-¡Tranquilo, tranquilo! Que todo tiene solución. Dame unos segundos que llamo a mi amiga intima, la Ilusión. Es una voladora increíble, sobrepasará el muro y se quedará a tu lado.

Así fue como la Ilusión entró en el jardín cerrado del YO, posándose en su hombro, habiendo dejado antes a sus pies un gran mazo de hierro.
-¿Para qué es este gran mazo?- preguntó desconsoladamente el YO a la Felicidad.
-Te daré los instrumentos necesarios para que puedas llegar a mí. Solo la Ilusión es capaz de transportar el mazo de su amado, el Coraje. Ella te dará la fuerza necesaria para usarlo y empezar a derribar este triste muro gris que te impide abrazarme.
-¿Pero?... estoy intentado levantar el mazo y es demasiado pesado !No podré solo!- dijo abatido.
-Llevas mucho tiempo sin hacer ejercicio, no tengas prisa, poco a poco conseguirás elevarlo y golpear con el. Además te recuerdo que no estas solo en esto: la Realidad te permitirá ver más allá de tus ojos, la Ilusión te ayudará a seguir mirando a la Realidad y el Coraje con su mazo, te dará la fuerza para tirar el muro. Ahora es tu turno, acepta que estar conmigo en una decisión, no una necesidad. Te dejo en buena compañía, he de partir, me reclaman en otro lugar.
-Por favor, no te marches, si no estas ahí fuera no podré seguir.- dijo sintiendo como sus fuerzas se evaporaban por segundos.
-No he dicho que no este aquí fuera, solo que voy a otro lugar. Si comienzas a andar estoy segura que siempre me veras.

La Felicidad desapareció sin más dejando al YO en compañía de sus asesores, los cuales tenían mucho trabajo por delante.

      Hacer una pregunta 10.01.2012. 12:26