3. LA OTRA MITAD DEL YO
Despertó en un brillante día, buscó unas frutas para calmar el hambre y se dirigió al río para tomar un poco de agua. En el reflejo del agua estaba la Realidad que le devolvía una imagen nueva llena de vida y bienestar, reconociendo en la imagen al mejor de sus compañeros.
Empezó el día llorando de felicidad y caminando con soltura, tras
unos minutos de camino, diviso a lo lejos algo que lo dejó atónito, una
figura descansaba bajo un enorme olivo. Hacia ella se dirigió sin más.
-Hola- dijo jovialmente.
-¡Por fin has llegado, llevo esperándote una eternidad!, hasta creí que no
vendrías…-respondió éste por saludo.
-No entiendo porque me dices eso, no te conozco. ¿Cómo te llamas?
-Soy TÚ.
-Tú no puedes ser YO pues yo soy yo- respondió contrariado.
-Tú eres yo, y yo soy tú. Lo entenderás si me miras a los ojos.
Al hacerlo el YO entendió lo que el TÚ quería decir con su juego de
palabras. Reconoció al instante la misma cara que había visto reflejada en
la superficie del río.
Se tomaron de la mano y comenzaron un nuevo camino juntos compartiendo una única sonrisa. A lo lejos en el camino vieron a la Felicidad que les saludaba con cariño.
Durante muchos kilómetros ambos solo caminaron, se miraron y se
reconocieron cada vez más, sintiéndose en tan poco tiempo tan unidos que
el YO supo que nunca podría separarse del TÚ.
-¿No estás enfadado conmigo?- preguntó el YO.
-No- fue la respuesta.
-Pues yo si estaría enfadado con alguien que no me ha querido en tanto
tiempo- dijo con pesar en su voz.
-Durante la espera he aprendido que cada uno llegamos cuando tenemos
que llegar. No puedo estar enfadado pues nunca he estado solo y nunca he
necesitado de los demás para estar acompañado. Siempre he caminado
junto a ti.
-Me recuerdas mucho a la Felicidad, me dices unas cosas que no termino
de entender. Si estabas a mi lado, ¿Por qué no podía verte o sentirte?
-Esa es una pregunta que tiene una respuesta sencilla: cuando llenas tu
interior de todo aquello que recoges de fuera, es bastante complicado ver lo
que hay dentro de ti- respondió soltando una sonora carcajada.
-Lo siento pero sigo sin entenderte, ¿me estás diciendo que no debo coger
nada de fuera?- volvió a preguntar creyendo que esta pregunta sería más
complicada de responder.
-No, no, no. Te digo que primero uno debe saber que tiene dentro. Cuando
uno hace esto, ve y valora su interior, y todo lo que adquirimos desde fuera
viene a adornar nuestro gran muro interno- argumentó con mayor seriedad.
-Si antes no lo entendí, ahora lo hago menos…
-Todo lo que necesitas en la vida para poder ser, lo llevas dentro. Allí has
encontrado a tus nuevos amigos, y cuando has vuelto a mirar me has
encontrado a mí.
El YO reflexionó en silencio encontrando más sentido a las palabras
del TÚ y sintiéndose cada vez mejor. Al levantar la cabeza se sorprendió al
ver la Felicidad un poco más cerca de ambos.
-¿Serás capaz de perdonarme algún día?- dijo con lágrimas en los ojos.
-No tengo nada que perdonar, pues lo único que he hecho es dejarte venir.
Pero lo que no puedo perdonar son tus lágrimas de autocompasión pues
ellas excavan el camino del sufrimiento. Has mirado dentro de ti y has visto
que tu jardín no era tal, has buscado dentro de ti para tomar la decisión de
seguir a la Realidad, la Verdad, la Ilusión, el Coraje, has encontrado dentro
la fuerza para derruir una parte del muro y dar un abrazo a la Felicidad, has
caminado en la noche más oscura enfrentándote al Miedo que sembraba tu
camino de Dudas para hacerte caer, has escogido en un cruce un camino sin
saber donde te llevaría. Cuando ha llegado el momento nos hemos
encontrado porque te has atrevido a hacer lo que nunca hacías, mirar
dentro.
Mientras oía estás palabras siguieron caminando y para sorpresa del
YO, estaban justo al lado de la Felicidad que los saludó tan feliz como
siempre.
-Hola chicos, cuando me alegro veros cerca de mí y cerca de vosotros
mismos- dijo ésta con una deslumbrante sonrisa. -Como ves mi querido
YO, cuando uno comienza a caminar no solo es capaz de verme siempre en
el camino, sino que es capaz de alcanzarme y caminar junto a mí durante
largos periodos de tiempos. Aprenderás con paciencia que es
imprescindible el TÚ para mantener mi ritmo, e incluso con él al lado habrá
veces en la cuales no me verás ni de lejos. Es ahí donde tendrás que buscar
en tu interior para encontrar las causas. Ya estas preparado para un paso
más.
-¿Cómo, aun no ha terminado todo esto?- preguntó mas resignado que
asustado.
-¡Acabas de empezar el camino!- respondió la Felicidad mientras reía
estrepitosamente acompañada por el TÚ- Si miras un poco más allá, verás
que el bosque termina.
-¿Y qué hay después?
-La Gran Ciudad- dijo mientras desaparecía.
La situación de poder dejar el bosque para entrar en la ciudad animó
al YO a seguir con un poco más de velocidad que en los últimos días, pues
como suele pasarnos a todos y aunque creamos que hemos aprendido la
lección, nos olvidamos de disfrutar del camino para solo fijarnos en la
meta. Ante él aparecieron los primeros caminos asfaltados por los cuales
siguió a gran velocidad hasta percatarse de su cansancio, teniendo por ello
que sentarse para poder tomar un poco de aire.
-No entiendo porque avanzamos tan despacio, por más que corremos
parece que estamos en el mismo sitio- dijo en YO casi agotado.
-Nadie te obliga a correr, ni nadie te lo ha pedido, has empezado a hacerlo
tú solo, sin más- respondió el TÚ.
-Es que quiero llegar para saber qué hay allí.
-¿Te has parado ha pensar que quizás no avanzas porque no ha llegado el
momento de llegar?
-Pero si la Felicidad me ha dicho que debo llegar a la ciudad, ¿como es
posible que me digas esto ahora?- respondió de mal humor.
-Creo que debes aprender primero a escuchar a los demás. Te ha dicho que
acabas de empezar un nuevo camino y, ¿para que están los caminos?-
sentenció con seguridad.
En ese mismo instante recordó gracias al TÚ que los caminos solo
están para caminarlos, sin pretender que nos lleven a ningún lugar concreto.
Se irguió y comenzó a caminar con la tranquilidad de días anteriores. Al poco tiempo de empezar la marcha miró al cielo y pudo ver para el mayor de sus temores, que el cielo azul que tanto le gustaba empezaba a tomar un tono gris oscuro amenazador y que una gran masa de nubes se cernía rápidamente sobre él. En menos que canta un gallo las primeras gotas tocaron el suelo. Miró de nuevo al final del camino para ver la cuidad y se encontró justo delante con un indicador que le señalaba una salida a la derecha y que decía:
Al ver los primeros truenos y relámpagos, tomó el desvío y con toda la rapidez que pudo, corrió hasta llegar al viejo cobertizo de la granja.
Llamó varias veces a la puerta, miró otras tantas por la venta, pero nadie abría, en el interior era imposible ver nada; por ello decidió girar el pomo de la puerta y simplemente se abrió, dejando salir de su interior un agradable aroma a café recién hecho que lo invitaba a entrar.
Hacer una pregunta 10.01.2012. 13:35
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