2. EL BOSQUE DE LA BÚSQUEDA
Tras otro periodo sumido en la tristeza al sentirse abandonado por su nueva amiga y sin querer nada con sus antiguos mejores amigos, el YO volvió a despertar.
Se había acostumbrado a la comodidad de no hacer nada creyendo que lo hacia todo, siendo asesorado por la que creía que era su buena amiga, la Mentira. Le costó mucho ponerse en movimiento. Se dirigió decidido al mazo del Coraje, lo empuñó… y nada. Así pasó tres días, tirando con fuerzas sin moverlo un ápice del mismo lugar.
Fue entonces cuando el Coraje decidió hablar.
-Por mucho que intentes mover mi mazo te será imposible. Antes debes
librarte del Miedo a abandonar tu conocido jardín y de la Indecisión de si
es lo correcto o no, pues las cosas son como son y no como queremos que
sean.- dijo con la seriedad que lo caracterizaba.
Antes que el YO pudiese hablar, el Coraje ya guardaba silencio,
dejando ver en su cara que la conversación había acabado.
La Realidad tomó la palabra.
-¿Quieres que te ayude a solventar tu dilema?
-Ha decir verdad, me sería de gran ayuda- contestó en voz baja y con más
inseguridad que seguridad.
-Como veo brotar la Indecisión en tus ojos, te mostraré la Verdad a través
de los míos. Te advierto que quizás no te guste lo que veas.
La Realidad tomó la mano del YO, lo colocó mirando a su jardín, le
tapó los ojos con sus manos unos segundos para después dejarlos al
descubierto y pedirle que los abriese. Al hacerlo el YO tembló de pavor,
pues todo el verdor que refulgía en su bello jardín había desaparecido,
quedando a la vista solo un pasto seco, sus árboles frutales no tenían hojas,
ni frutas, ni vida. El riachuelo había desaparecido con sus brillantes peces
para convertirse en una simple charca.
El YO no podía entender lo que estaba viendo, sin salir de su
asombro, habló.
-Este no es mi jardín; he trabajado durante años para que fuese el más
hermoso de todos. Realidad, ¿me estas mintiendo?
-Nunca miento, solo te he quitado un delgado velo de tus ojos que te
impedía ver con claridad. Este es el lugar en el que vives. ¿Qué has hecho
para cuidarlo?, ¿Te has molestado en dar abono a los árboles?, ¿Sabías que
las plantas hay que regarlas?, ¿Sabes que en los lugares donde el Sol brilla
continuamente el agua desaparece?
Sin poder articular palabras el YO comenzó a llorar de nuevo. Entre
su lágrimas llegó a ver la Verdad que la Realidad le decía.
Vio que cada mañana se dedicaba a limpiar los cristales que no eran tales, para después sentarse en su hamaca y dedicarse todo el día a mirar un muro que antes era ventana y a través del cual, no veía nada que no fuese solo lo que deseaba ver. Por ello se olvidó de todo lo demás, con consecuencias desastrosas para él y su jardín.
Así fue como entendió, decidió y aceptó sus miedos al cambio. Se levantó con firmeza mientras la Ilusión le animaba, cogió el mazo que para su sorpresa no pesó tanto y dio el primer golpe sobre el muro. Éste retumbó por su yermo jardín, pero su muro era tan fuerte que no hizo nada más que ruido. El YO, al ver lo sucedido, llamó al Coraje, que le obsequió con su fuerza, llamó a la Realidad que trajo consigo a la Verdad. La Ilusión para no ser menos, se unió al grupo habiendo llamado antes a su hermana pequeña la Decisión. Entre todos lo ayudaron a levantar el mazo y a lanzarlo con fuerza contra la titánica pared, la cual cuando recibió la primera embestida, de la sensación de “quiero ver lo que no veo”, se resquebrajó un poco al principio, dejando pasar entre su grietas una ráfaga de aire fresco que infundió al YO la capacidad de seguir golpeando hasta abrir en ella una puerta lo suficientemente grande como para salir él, sus nuevos amigos y como no, sus antiguos mejores amigos.
Con esta enorme y minúscula tarea el YO abandonó su jardín para adentrarse con su primer paso en el Bosque de la Búsqueda.
Tan abrumado estaba con lo que tenía antes sus ojos que no se
percató que alguien lo observaba desde debajo de un enorme manzano,
mientras saboreaba una enorme manzana que desprendía un enorme olor
que no supo, si era enorme por lo enorme de la manzana o por la enorme
sensación de relajación de su pecho.
-Ya te dije que vendría si tú querías- dijo la Felicidad.
Éste corrió hacia ella y la abrazo con gran ansiedad mientras lloraba,
pero esta vez por ella.
-No sé porque estoy llorando, pero éste llanto me hace sentir bien- decía
entre sollozos.
-También hago llorar a los que me quieren, pues las lágrimas derramadas
por mi, permiten purificar el interior para brillar desde el exterior.
Permanecieron un buen rato abrazados, mientras el YO se relajaba y
descansaba. Su hazaña no requería menos.
-Querido, tengo que dejarte, nuevos asuntos me reclaman.
-No puede ser, acabo de salir y ya me abandonas, ¿que haré aquí fuera
solo?
-El salir de una cárcel no implica quedarse debajo de un manzano- aclaro la
Felicidad
-Pero aquí me siento bien, tengo sombra y manzanas en abundancia para
comer- argumento convencido.
-De las manzanas no se puede vivir siempre, y recuerda lo que te dije antes
de salir: “Si empiezas a andar estoy segura que siempre me veras”
Sin más desapareció de su lado. El YO reflexionó durante unos
minutos ante las palabras de su amiga, al hacerlo la Ilusión le tendió la
mano al ver que se había sentido feliz y la Decisión lo empujó para
levantarse. Comenzó a caminar lentamente entre la hierba, divisando los
primeros árboles del bosque, antes de llegar a él sus pasos fueron más
firmes hasta que encontró un camino que se adentraba entre los árboles y
donde se dirigía sin miedo alguno.
Justo en el linde, la Indecisión se cruzó en su camino para recordarle
que si daba un paso más, ella dejaría de ser su amiga.
-Si yo acepto mis miedos, tú tendrás que aceptarme a mí sin ellos.
La apartó de su camino y siguió hacia el interior del bosque,
dejándose llenar por el aire puro que corría entre los árboles, por el olor a
hierba húmeda, a madera y por el sonido que producían todos los seres que
lo habitaban.
Durante muchos días y noches deambuló por el bosque sin tener
necesidad de dirigirse a ningún sitio en concreto, solo dejando que sus
pasos le llevaran; gracias a lo cual se percató que siempre en su vida había
buscado un nuevo camino, agotándose más por llegar que por caminar solo
yendo. La Felicidad volvió para hacerle una visita.
-Hola joven.- dijo jovialmente.
-¡Que feliz soy siempre que vienes!- exclamó éste.
-Me has llamado y aquí estoy.
-Creo que te confundes, pues no hice tal cosa.
-Si que lo hiciste, acabas de mirar dentro de ti y has sido feliz incluso sin
estar yo, y aquel que es capaz de hacerlo, merece mi visita. No me has
buscado, ni necesitado, sin saberlo me has querido- dijo volviendo a
desaparecer.
Esta vez y como todas las demás, el pobre YO se sentía confuso y
aturdido, pues, cada vez que la Felicidad hacia su aparición, a su marcha
las cuestiones le sobrepasaban. No obstante, él siguió avanzando hasta
llegar a una bifurcación del camino. Ambas direcciones eran idénticas y
con la única diferencia de la orientación. Miró a su alrededor y vio un tocón
donde poder reposar unos minutos mientras comía unas castañas recogidas
en al camino.
-Necesito un leve descanso antes de seguir y tomar una decisión- dijo
mientras se sentaba en el tocón, quedándose dormido incluso antes de
tomar la primera castaña de sus manos.
Tras despertarse relajado y descansado, miró hacia los dos caminos,
se colocó justo delante de ellos, cerró los ojos para poder tomar una
decisión, cuando creyó saber hacia donde tenía que ir, abrió los ojos y para
la mayor de sus sorpresas, solo aparecido ante él un único camino.
-¡No puedo entender como ha sucedido algo así!- dijo perplejo como era
habitual desde que dejó su jardín.
-Es algo muy sencillo de explicar- dijo la Decisión entre grandes carcajadas
mientras la Seguridad afirmaba con la cabeza- Cuando uno elige un
camino, lo único que debemos hacer es caminar por él, pues para eso está.
-Has de saber que todos los caminos te llevaran allí donde tengan que
llevarte. Y el lugar donde te llevan no será ni mejor ni peor que otros, solo
será el lugar donde debes ir.
Impresionado por las palabras de sus compañeras, entendió que eran
ciertas, y en ese momento, la Verdad hizo su aparición.
-¡Desde luego chicas, siempre me llamáis cuando mas tranquila estoy!-
exclamó empezando a reír ruidosamente entre las tres- Me alegra saber que
aceptas las palabras de mi amiga y que empiezas a dejarte llevar ante el
miedo que te paralizaba. Éste es el camino que has elegido, así que empieza
a caminar y disfruta de él.
El YO dio su primer paso y se adentró en el camino, al poco de caminar se volvió, pero allá donde hubo un comienzo solo puedo ver más camino, entendiendo así que a veces por muy poco que se camine, se avanzan grandes distancias. Al percatarse de esto, se sintió terriblemente cansado, agotado y sin fuerzas para dar un paso más, así que simplemente salió del camino, se tumbó bajo un álamo cercano y allí volvió a quedarse dormido.
Al hacerlo pudo descubrir no solo el fuerte brillo de la luna, sino
también la gran cantidad de estrellas que iluminaban la oscuridad.
-Cuando uno decide salir adelante, el camino siempre aparece, antes no
podías ver porque creías que no había luz, tan solo con buscar en el lugar
adecuado, la luna y las estrellan iluminan tus pasos- dijo la voz volviendo a
desaparecer de la misma forma que había aparecido.
El YO estaba otra vez perplejo, pobre, pues era incapaz de reconocer
esa voz, no se parecía en nada a la Felicidad, ni a la Ilusión, ni al Coraje, ni
a la Realidad, ni a la Verdad, ni a ninguno de sus nuevos amigos.
Se volvió a armar de Valor y preguntó.
-¿Quién eres? No reconozco tu voz, ni tampoco la sensación de paz que me
envías.
-¿Yo?, solo soy la voz del universo, no me has oído antes porque no
estabas preparado para ello. Has de saber que la paz que sientes no la envío
yo, nace del interior cuando se deja de luchar contra la corriente de la vida-
respondió la voz.
-Pero, ¿no me dices tu nombre?
-Soy el conocimiento- respondió este tras unas risas iniciales- ¿Y sabes por
que he aparecido?
-Porque he decido avanzar incluso sin saber- Se oyó el YO decir en voz
baja, sin entender como había sido capaz de decirlo.
-¡Muy bien!, para poder conocer es necesario querer saber. Pero, ándate
con ojo, pues el saber no es sinónimo de conocer.
Con esas sabias e inquietantes palabras, con la luz de las estrellas y la luna, el YO comenzó a caminar durante la noche, rodeado de oscuridad, de silencio y de sonidos que nunca había oído. Al tiempo que caminaba, pensaba en las extrañas palabras del Conocimiento; supo en ese instante porque se sentía bien: era la primera vez que andaba durante la noche, algo que no había hecho nunca, y además sin miedos, se dejó invadir por la corriente del todo. Siguió caminando durante muchas noches consecutivas, pues el silencio de la misma le ayudaba a poder oírse a si mismo, siendo por fin capaz de entender que su “jardín” solo había sido obra de él, que sus mejores antiguos amigos solo fueron de visita y él fue quien no los dejó salir por su enorme temor de no estar solo, creyendo que al estar solo no seria capaz de hacer nada, creyendo que estar solo era sinónimo de no tener a nadie y admitiendo que aun habiendo estado acompañado durante años , se había sentido más solo que ahora.
Al comienzo del día de una de esas largas noches, aprendió, entendió y reconoció que nunca estaría solo, se acababa de encontrar a si mismo.
Buscó un hermoso álamo donde volver a descansar, se recostó entre sus acogedoras raíces y se tapó con las suaves ramas repletas de verdes hojas, donde decidió descansar unos días en su propia compañía.
Hacer una pregunta 10.01.2012. 12:42
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