Qué tan Diferentes somos?

Por SAT

“En el fondo, todo el mundo hace lo mejor que puede, aunque no lo parezca.”
- Gerardo Schmedling -

Hace años, en alguna ocasión en que estábamos en clase con Gerardito, él mencionó la frase de arriba. La frase es bastante “sonora”, e intelectualmente se entendió fácilmente, pero cuando comenzamos a profundizar nos dimos cuenta que en realidad encierra una verdad que no es fácil de aceptar por la mayoría de nosotros.

Explicaba Gerardo que, de acuerdo con el nivel de información de que se disponía, todo el mundo hacía lo mejor que podía, y que por lo tanto no había razón para juzgar a otras personas por actuar de x o y manera. Recuerdo claramente que alguien sacó a colación ejemplos como Pablo Escobar, como los jefes de las FARC, etc. ¿Cómo podía este tipo de personas hacer siempre “lo mejor que podían”? ¿No tenían algún grado de consciencia acerca de que lo que estaban haciendo era “malo”?

La respuesta vino rápidamente: En el fondo, una persona que consideramos “mala”, vive dentro de una realidad que le indica que lo que tiene que hacer es lo que hace, sin importar si le fue dicho que hacer eso no era correcto. Es como cuando nosotros, los que nos creemos tan “buenos”, hacemos alguna trampilla como por ejemplo colarnos en una fila, o copiar un CD que alguien nos prestó, para así no tener que comprarlo. Sabemos perfectamente que no es correcto, pero igual lo hacemos.

¿Qué nos impulsa a actuar así? Fácil respuesta: nos produce una experiencia que al final nos hace sentir bien, o sea, al final nos pone en nuestra zona de comodidad. Puede que no nos sintamos bien colándonos en una fila o copiando un CD, pero una vez consumado el hecho obtendremos una gratificación: No nos tocó una fila de 40 minutos para poder ver la película que queríamos ver, o bien, nos ahorramos los 40mil pesos de un CD nuevo y obtuvimos la música que nos gusta.

Resultó más importante para nosotros el haber obtenido nuestra zona de comodidad, que el acto punible que ello implicó. Sí, señoras y señores, aunque no lo crean, para nosotros, así como para Maquiavelo hace varios siglos, el fin sigue justificando el medio, y lo seguimos haciendo con plena conciencia.

Seguramente estarás pensando que no hay punto de comparación entre lo que hace un Pablo Escobar y copiar un CD o colarse en una fila, y que por eso no es lo mismo. Pero resulta que sí es lo mismo, pues para un Pablo Escobar ser un narcotraficante reviste de la misma gravedad que para uno de nosotros copiar un CD. Es la forma como él al final entra en su zona de comodidad: obtiene mucho dinero y reconocimiento.

Con toda seguridad cuando él era niño alguien le debió decir que vender drogas era malo y que matar gente era peor, y si nadie le dijo pues con más razón se entiende su actuar. Pero para él es igual que para nosotros la copia del CD: al final, la gratificación por conseguir la zona de comodidad es mayor que el acto punible. Él está actuando de acuerdo con la información que tiene, información que se origina en su educación, en su familia, en su entorno, etc., etc. Nosotros no somos narcotraficantes, pero sí copiamos un CD o nos colamos en una fila, pues nuestra información es diferente.

Muchos de nosotros hemos conocido por diferentes medios que los sicarios antes de cometer un asesinato se encomiendan a la Virgen. ¿Cómo puede haber tal grado de contradicción, que se encomiendan a la Virgen antes de cometer un asesinato, lo cual es una clara y flagrante violación de uno de los mandamientos más importantes del cristianismo? Simple, cada quien hace lo mejor que puede con la información de que dispone, incluyendo al sicario. Para él, como para nosotros en otros casos, el fin justifica el acto, y es que este “trabajito” le cayó de la mano de Dios. Así le dará de comer a su familia un tiempo o bien podrá comprarse las zapatillas “Nike” que vio o una nueva Uzi. Al final es lo mismo: se ubica dentro de su zona de comodidad.

Si luego de haber leído esto aún no has podido hacer ese click mental que hace que no juzgues al prójimo, piensa por un momento que eres un muchacho de onceavo grado. ¿Desde tu posición, juzgarías a un niño de tercer grado por actuar como tal? No tendría sentido, y menos aún que estando en onceavo grado aún debes recordar tu vivencia de tercer grado. En el caso del sicario, no recuerdas cuando tú estuviste en esos zapatos en alguna vida pasada, pero te aseguro que tú también pasaste por ahí.

No hay ningún ser humano que pueda saltarse un aprendizaje. Si bien puede ser que tú no hayas sido un sicario específicamente, también tuviste que pasar por la experiencia de matar a otra persona, solo para, al final, aprender que no tienes que hacerlo.

Desafortunadamente no hay otra forma de aprender más que la experiencia, al menos en nuestro nivel actual de evolución.

Tú estás más adelante en el proceso de evolución humana, o de lo contrario esta lectura no habría llegado a tus ojos pues no serías correspondiente con la información que aquí se te entrega. Tú no necesitas matar o dañar gente para procurarte una zona de comodidad, pues ya SABES que esa forma no te corresponde. Lo aprendiste hace cientos de años quizá. Tú ya estás a punto de graduarte, el sicario apenas va en tercero. Algún día llegará hasta donde tú estás.

Ahora bien, teniendo en cuenta que tanto Pablo Escobar, como el sicario, o como tú mismo, al final solo quieren llegar a sentirse dentro de su zona de comodidad, cabe preguntarse:

¿Será que es solo un tema de forma (cómo llegamos a la zona de comodidad) y no de fondo (querer estar dentro de la zona de comodidad)?

¿Así las cosas, realmente somos tan diferentes?

Ahí te dejo esa idea para que la mastiques.


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      Hacer una pregunta 21.06.2007. 22:06