26 de febrero de 2008 - Nº 7
"El Maestro no hace nada, sin embargo, nada deja sin hacer."


Anónimo

EDITORIAL

Hola,

Cuando se comienza un camino espiritual, casi de inmediato le es presentado a uno su peor enemigo: el temible "Ego". Y comenzamos a emplear todo tipo de técnicas con el fin de terminar con él. Pero como ante toda acción existe una reacción, luchar contra el ego, a la larga, termina fortaleciéndolo. Es casi tan efectivo como "luchar por la paz", lo cual en sí plantea una contradicción.

¿Entonces, qué hacer?

Lo primero, es aceptar que ese ego (también conocido como Mente o Personalidad) no es ni bueno ni malo, sino que es perfecto para cumplir una función para nuestra vida en el momento presente. Pero como toda herramienta, debe obedecer la voluntad de quien que la maneja. Permitir que nuestro ego nos controle es como dejar que el martillo nos maneje el brazo.

Lo segundo, es entender que no somos nuestro ego, mente, o personalidad, y que tampoco somos nuestro cuerpo, y que ellos son solo los sirvientes de una voluntad superior: ese SER que se manifiesta a través de nuestra consciencia, que ha decidido experimentar la realidad de tercera dimensión.

En servicio,
Santiago



NOTICIAS DE LA ASCENSIÓN, por Hortensia Galvis


LA FUNCIÓN DEL EGO


Si tuvieras la percepción de lo que realmente eres, verías que tu cuerpo físico es solo una mínima parte de tu ser. Esa materia, que reconoces como tu imagen, es solo la parte más externa de ti mismo, la cáscara visible que envuelve lo invisible. Porque invisibles son tus demás atributos: la consciencia, los pensamientos, los sentimientos, el alma, y el espíritu. Si escoges identificarte solo con tu carne y sangre, te condenarás a las limitaciones que te ofrece tu fracción más densa. Mientras que la visión obtenida, desde tus aspectos más sutiles, ampliará tu conciencia a una mayor comprensión del significado de la vida, y te dará acceso a todo tu potencial creativo.

Así que, en realidad, lo que tu apodas como el “más allá” resulta ser lo más cercano a ti, tu “más acá”, porque conforma tu naturaleza más íntima; ese núcleo espiritual, que, cuando es activado, te conecta, y te integra a todo lo creado. Mientras que el enfoque exclusivo en lo material siempre te conducirá a sentirte desvalido y muy aislado. El mundo te enseñó a cuidar solo la fachada de lo externo, que es lo que crees real, y esto te ha llevado a un grave error de identificación. De la falsa identidad nace y se desarrolla el “ego”, que se alimenta de las limitaciones que tú aceptas, y gusta de tomar el control para construir los barrotes de tu propia cárcel. Mientras más te apoyes en la tiranía del “ego”, más experimentarás el dolor de la separación y la frustración de percibir que siempre hay algo que te falta para poder saborear a plenitud cada experiencia.

Si desde niño te hubieran educado con la idea de que en lo profundo de ti mismo contienes algo que es infinitamente superior al “ego”; entonces ahora tal vez te darías la oportunidad de explorar, experimentar y buscar la comunicación con ese núcleo interno que te puede hacer poderoso, más allá de toda medida. Entonces tu vida sería más creativa, y actuarías siempre de acuerdo a tu verdad interna, y a tus propios sentimientos. En vez de vivir paralizado por el miedo, siguiendo en automático los dictados de lo que la sociedad te impone.

Si te identificas solamente con las apariencias de lo físico, vivirás desde el “ego”, y así tu vida perderá su significado trascendental. Tal vez entonces tu paso por la Tierra se convierta en la búsqueda del placer y la comodidad, pero, luego de obtenerlos, te encontrarás todavía más vacío y desilusionado. Actuando desde el “ego” invariablemente vas a sentirte inadecuado, asustado e inseguro porque una parte de ti nunca se involucra en lo que haces, y te hará falta la profundidad y la visión creativa del que aprendió a sentir desde su nivel más elevado. Posiblemente, con el “ego” como aliado, tendrás la capacidad de memorizar, aprender, repetir y copiar lo que otros han dicho o hecho; porque el “ego” se especializa en enfocarse hacia lo externo. ¿Pero, será eso suficiente para tu alma, que aspira a beber el elixir de la inmortalidad?

En los círculos espirituales mucho se habla de que al “ego” hay que matarlo. Pero tú seguramente tienes miedo de que, si el “ego” desaparece, lo que conoces de ti mismo también se diluirá con él. Tienes que comprender que tú eres mucho más grande de lo que hasta ahora has imaginado. Tú eres conciencia pura y sabiduría infinita limitada por un cuerpo. ¿No valdría la pena dedicarte entonces a descubrir quién realmente eres, y cuales son tus verdaderas posibilidades?

En la muerte del ego no encontrarás ninguna solución a este problema de identificación. Si debilitas demasiado el “ego”: te llenarás de miedos, tu autoestima se precipitará al fondo del pozo y se te dificultará ser asertivo. Así, sintiéndote disminuido, caerás en la neurosis y buscarás alivio en el alcohol y las drogas. Si por el contrario, dejas que tu “ego” se infle demasiado, tendrás conflictos en las relaciones, lo que reducirá significativamente tus posibilidades de atraer situaciones favorables y una vida amable. El egocéntrico, que por lo regular está enfocado en tomar ventaja sobre los demás, ignora que nunca podrá obtener lo mejor del otro, a menos que con anterioridad esté dispuesto a ofrendar lo mejor de sí mismo.

Tienes un problema de identificación, que solo podrás resolver cuando encuentres la correcta organización jerárquica gobernadora de tu vida. En el viaje hacia la lejanía, quien conoce el rumbo es el “capitán”, que para ti es aquel que habita en tu sagrario interno. Y a quien corresponde la tarea de sirviente es al “ego”, a quien nunca debe permitírsele proceder por su cuenta, sin buscar antes contacto con el “capitán” y pedirle ayuda cuando la necesita. Para que el “ego” sea un servidor efectivo, debe poner todo su empeño, su fuerza y su voluntad para ejecutar la tarea de servir a su señor con lealtad y persistencia.

Cuando el contacto permanente con la inteligencia creativa se haya establecido, el “ego” podrá “jubilarse” con honor y sin perjuicios. Tiene entonces permiso de apartarse, y permitir que sea el “Yo interno” quien tome las riendas para conducirte por la vida. Ese es el momento supremo de la entrega, cuando la intuición, la inspiración y la creatividad despertarán para apoyarte, y vivirás cada experiencia desde la integridad y la sabiduría que procede de lo más elevado de ti mismo.


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