20 de mayo de 2008 - Nº 19
"Hay algo tan necesario como el pan de cada día, y es la paz de cada día; la paz sin la cual el mismo pan es amargo."


Amado Nervo

EDITORIAL

Hola,

Es el tiempo de las mujeres. No se dio por azar el movimiento de "liberación femenina" en los 60's ni la subsiguiente apertura social en occidente hacia la competitividad de la mujer en prácticamente todos los ámbitos que hasta aquel momento fueron dominio casi exclusivo masculino. Cada vez es más común encontrar mujeres en posiciones de poder tradicionalmente reservadas a los hombres.

Pero tampoco es coincidencial que en reuniones y agrupaciones de índole espiritual la balanza numérica casi siempre se incline en favor de las mujeres. Es natural, ellas intuitivamente están más cerca de su Ser que los hombres, enceguecidos mucho más profundamente con la venda de la competencia del ego que las mujeres.

Y así como ellas han aprendido a "ser hombres" en una selva de cemento en que se les exige que usen su hemisferio izquierdo, su razón y su lógica, para competir, y lo han logrado exitosamente manteniendo un buen balance entre su rol profesional y su feminidad intuitiva, los hombres tenemos la oportunidad de equilibrar nuestro aspecto femenino, valorando y fortaleciendo nuestra intuición, nuestro hemisferio derecho, y desacelerando nuestro ego.

En servicio,
Santiago



NOTICIAS DE LA ASCENSIÓN, por Hortensia Galvis


EL FORTALECIMIENTO DE LO FEMENINO


La evolución es una espiral ascendente ordenada en fases, o ciclos. Hay dos fuerzas que siempre interactúan, cuando una de ellas está en exceso, comienza a disminuir; en cambio que lo que ha estado muy menguado, siempre aumenta. Dice el I Ching: “el camino del cielo es vaciar lo lleno y acrecentar lo modesto. Cuando el sol culmina se dirige hacia su ocaso, cuando la luna está llena, decrece. Así mismo, en la naturaleza el agua va demoliendo las montañas, en cambio que rellena hondonadas. El camino hacia la propia expansión invariablemente conduce a través de la contracción, y viceversa”.

Acaba de cerrarse una etapa de la civilización humana, donde la energía masculina fue la dominante. El patriarcado se caracterizó por la agresividad del hombre contra el hombre. Milenios de guerra regaron los campos con sangre, mientras los triunfadores eran los encargados de colorear los hechos, y archivar su interpretación como la única verdad histórica.

Ahora comenzamos otra era, que estará regida por la polaridad femenina. Nuestra madre Tierra tendrá que pasar por un segundo nacimiento, y las mujeres del mundo son las encargadas de ayudarla a parir. También serán ellas, en calidad de sacerdotisas, quienes tengan que nutrir la nueva vida con su propio aliento. El período de gestación de la “Nueva Era” está ya muy avanzado y estamos solo preparándonos y esperando el momento de dar a Luz.

En todas las áreas de la experiencia humana se está viendo un renacer del poder femenino. Por ejemplo: el estado colombiano ha aprobado recientemente “un acuerdo para la equidad entre hombres y mujeres”. Tal acuerdo quiere corregir la discriminación de la mujer, y poner las bases de una sociedad igualitaria. Para que sea efectivo, el cambio debería comenzar a promoverse desde la cuna misma de todo ciudadano, pues es allí donde se siembran las semillas, y el joven retoño aprende a aferrarse a sus raíces. Pero, mientras la religión, la educación, y las normas sociales continúen siendo las mismas, poco o nada podrán hacer las leyes del estado para equilibrar las estadísticas.

Con el predominio de lo masculino se anuló esa sensibilidad y desde entonces el hombre se condenó a sí mismo a vivir hacinado en las ciudades, abrumado por el exceso de trabajo, la preocupación y el estrés. Dejó de existir la necesidad del contacto con la tierra, se devaluó la sensación de expansión del corazón cuando compartimos nuestro destino con los árboles, las plantas y los animales. La represión de la energía femenina también ha hecho sentir al individuo separado de la madre Tierra, y le ha despertado el afán de dominación, que concede valor al medio ambiente solo en función de su potencial para conseguir dinero.

El despertar de lo femenino debe ir de la mano con la integración de las dos polaridades en un punto central donde exista la armonía. En la práctica es necesario implementar la igualdad de la mujer y el hombre asegurándonos de que rijan los mismos derechos para iguales responsabilidades. También debe haber un cambio de actitud con respecto al planeta, que es nuestro hogar, porque las condiciones de deterioro, que hemos creado, son en este momento incompatibles con la posibilidad de que pueda continuar con el sostenimiento de la vida.


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